martes, junio 25, 2024
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Cuando la violencia de género es económica: Primera parte

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Dra Noor Jimenez Abraham

Por Dra. Noor Jiménez Abraham*

Esta es la primera de dos notas sobre una de las violencias de género más invisibilizadas, la económica. Cada contenido, si bien estará relacionado con el resto, podrá leerse también en forma independiente.

En Argentina, al momento de disolverse un vínculo de pareja heterosexual, ya sea un matrimonio o una unión convivencial, en donde la mujer ha volcado un proyecto de vida, el sistema patriarcal atenta, entre otros factores, contra su autonomía, al quedar restringida su capacidad económica.

El procedimiento que conduce a la división al disolverse una pareja que compartió bienes, techo y responsabilidades, deja a las mujeres en una situación desfavorable al no contemplarse directamente el valor de su aporte a través de las tareas de cuidado y asistencia en el hogar. Sumado al hecho de que algunos varones cis suelen utilizar subterfugios para esconder la totalidad de su patrimonio, lo que influye en el momento de la repartición.

Mandatos

La asignación del espacio privado como el ámbito “natural” para las mujeres y del público como el específico para los varones, ha determinado, históricamente, de forma binaria y sin consensos, cómo quedará estructurada la organización familiar.

Esta circunstancia incide profundamente en la vida de las mujeres mayores, por ejemplo. Quienes en su juventud no se relacionaron con la perspectiva feminista, ya sea porque no estaba popularizada o por una creencia muy difundida, aún en la actualidad, que considera el reclamo por derechos con perspectiva de género como la antítesis de la posibilidad de establecer una familia. Por lo que muchas de ellas se vieron envueltas en una falsa dicotomía que, con los años, al terminarse la relación, se les volvió en contra.

La mayoría de esas mujeres, al estar en pareja, influidas por los estereotipos en cuanto a la distribución de roles, no llegaron a proyectar su autonomía económica. De ellas se esperaba la sublimación de sus aspiraciones en nombre del amor y de la familia a partir del sesgo sexista de atribuir a la femineidad el área de las emociones. Hoy reconocemos esa invisibilización como un trabajo no pago. Sin embargo, persisten fuertemente los estereotipos.

Las tareas de cuidado conforman un mandato sobre la vida de las mujeres que atraviesan toda su existencia e influyen en la posibilidad de logro de su autonomía económica. Cuando son jóvenes, en edad reproductiva, en general se hacen cargo del desarrollo de niñeces y adolescencias. Al ser mayores, entre los 50 y 70 años, aproximadamente, se responsabilizan de las personas más ancianas o dependientes de la familia, madres, padres, por lazo de sangre o de su pareja, aun cuando haya hombres, sus hermanos o parejas, porque ellos no suelen tomar ese compromiso. Además de las obligaciones en cuanto a las personas con discapacidad.

Contexto

Los análisis institucionales de la desigualdad de género, más allá de que se extienda por todos los ámbitos sociales, generalmente comienzan por la familia y el parentesco, dado que son los espacios más evidentes de organización en los que se encuentra la desigualdad. Los roles y las obligaciones de hombres y de mujeres en el espacio doméstico dan cuenta de cómo se consideran socialmente sus competencias y su naturaleza para determinar las desigualdades de género.

Muchas mujeres, en el momento de la vida en que desean insertarse en el mercado de trabajo, son rechazadas para iniciar o continuar su vida laboral. Algunas debido a que se alejaron del sistema por las tareas de cuidado, otras, porque nunca estuvieron en él, Todas encuentran la traba de que se las considera con exceso de edad para retomar o comenzar.

Las que sí permanecieron, probablemente se vean afectadas por las consecuencias de haber sido relegadas para ascensos o tareas más calificadas. Prevalece el estereotipo de que su condición de madres no les permitiría ser trabajadoras que cubriesen las necesidades de puestos más jerarquizados por la demanda horaria y de atención a las tareas de cuidado.

A esto se suman los frenos por género para ascender en la escala laboral que desfavorecen a todas. En el caso de las que ya tienen 60, atraviesan la circunstancia de que legalmente pueden optar por la jubilación, pero en su mayoría no están en condiciones de hacerlo dado que, por la precariedad de sus empleos, no fueron registradas y no llegan a la cantidad de aportes exigidos. Todas estas situaciones dificultan la salida de situaciones de violencia.

La desigualdad estructural que viven las mujeres a raíz del sistema patriarcal imperante hace cientos de años reclama la mirada transversal desde el enfoque de género. Así también es necesaria una perspectiva interseccional. Tal alude a un sistema de exclusiones cruzadas donde convergen características como etnia, edad, nivel económico, académico y otras circunstancias de las personas que las alejan de ese ser humano ideal creado por el androcentrismo cuyo eje lo conforma un hombre blanco, heterosexual, de mediana edad, sano, instruido, occidental, judeocristiano, urbano y con poder adquisitivo.

Sociedad dinámica

Las mujeres, mientras aumenta su edad, pasan a formar parte de un sector ignorado por la sociedad al considerarse que ya no aportan al sistema productivo, a lo que se suman las discriminaciones que existen hacia las personas cuando se alejan de la juventud. La situación se torna más compleja según el porcentaje de medios económicos y la posibilidad de acceso a la educación.

La antropóloga mexicana Marcela Lagarde afirma: “Es posible que una persona a lo largo de su vida modifique su cosmovisión de género simplemente al vivir, porque cambia la persona, porque cambia la sociedad y con ella pueden transformarse valores, normas y maneras de juzgar los hechos”. Vamos por ello, entonces.


* Dra. Noor Jiménez Abraham, Directora de Políticas de Actualización de Conocimientos de la Secretaría de Mujeres, Políticas de Género y Diversidades de La Matanza. Es Dra. en Ciencias de la Comunicación Social, Especialista en Políticas Públicas y Justicia de Género, realizadora de trabajos de género en el exterior (Francia, USA, Palestina, Holanda e Irlanda).
Diseño de Portada: Cristian Arrejin

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