sábado, abril 13, 2024
sábado, abril 13, 2024

Cupo Laboral Trans: la oportunidad

.

El Cupo Laboral Trans ya es una realidad en La Matanza. En lo que va del año, 22 personas travesti-trans accedieron a cargos auxiliares en colegios públicos matanceros, a través de la aplicación de la Ley 27.636 de Promoción de Acceso al Empleo Formal para Personas Travestis, Transexuales y Transgénero “Diana Sacayán-Lohana Berkins”.

Pasó un mes del histórico primer Acto Público para Auxiliares Escolares y el miércoles 12 de abril la Dirección de Protección de Derechos de la Secretaría organizó una merienda para compartir un espacio de intercambio de experiencias sobre los nuevos puestos de trabajo.

Esta entrevista colectiva incluye historias de vida, sensaciones y la certeza de que las políticas públicas cambian la vida de las personas. Que la disfruten.


La reunión se da alrededor de una amplia mesa con facturas tentadoras, té y café. De a poco van llegando y se van ocupando los asientos libremente. La fotografía actual es esta: todas las personas presentes pertenecen al colectivo travesti trans y han conseguido acceder a un trabajo registrado en el sistema educativo de La Matanza.

Ante la primer pregunta –“¿Cómo llegaron hasta acá?”– rompe el hielo Erika Alejandra Vallejos:

“Mi acceso fue a través de la militancia en la Asociación Civil Diversidad Transformar, en la cual estoy participando hace tres años con diferentes problemáticas que viene sufriendo el colectivo en nuestro territorio. Estoy muy feliz. Es un orgullo enorme a mis 46 años decir que tengo un trabajo registrado, en blanco, después de tanta lucha”, cuenta.

“Cuando ingresé los primeros días no lo podía creer y me cuesta todavía caer. Es muy fuerte pensar en ver una persona trans ahí haciendo una labor de portería, abriendo la puerta y recibiendo a las mamis, llevándole la leche a las criaturas, limpiando salones… es un impacto social grande. Yo, la verdad, ingresé con miedo porque cuesta deconstruir algunas formas de pensar en relación a nuestro colectivo. Atravesamos tantos golpes que encontrarnos en este ámbito laboral cuesta. Pero me recibió una directora muy cariñosa, muy empática, mis compañeros me recibieron con los brazos abiertos. Estoy muy feliz”.

Cuando ingresé los primeros días no lo podía creer y me cuesta todavía caer”.

Erika Alejandra Vallejos, integrante de la Asociación Civil Diversidad Transformar

Los aplausos de les presentes envalentonan a quienes siguen. A partir de este momento y durante lo que quede del encuentro, la palabra y la escucha atenta se sucederán como una obra teatral perfectamente ensayada.

Cordelia Vega es del norte de Colombia y elige no decir su edad.

“Soy una persona hermafrodita y me siento travesti. Estoy en proceso de hormona. Hace 15 años me tocó salir de mi pueblo. Salimos 4 y yo soy la única que sigue viva. Nos sacó la guerrilla porque cuando entra un grupo armado lo primero que sacan son a las travestis, afeminados, prostitutas y ladrones. En ese tiempo éramos chicos y afeminados”, relata de un modo tan gráfico que resulta imposible no imaginar cada cosa que describe.

Su camino (así lo llama) empezó en Bogotá. Hacia allí se fue “con una mano delante y otra atrás”, hacia el barrio Santa Fe, un barrio céntrico de 20 calles donde muchas chicas trans llegan para ejercer la prostitución, muy parecido a Constitución (CABA).

“Me ha tocado caminar en la vida Colombia, Ecuador, Perú, Chile. Finalmente di el salto a Argentina, donde me tocó prostituirme con otras colombianas, mis ‘paisanas’, que quedaron luego en Chile. Conocí a un argentino y dije: bueno, este va a ser mi país, de aquí no me muevo. Y me casé y me quedé”. Sonríe y agrega: “Aquí encontré un país más abierto: hay una ley (de Identidad de Género), se habla del tema, pero es muy difícil: está en el papel pero en la sociedad sigue siendo muy difícil”.

No quiero esconder lo que soy para trabajar

Cordelia había trabajado anteriormente como bachero, en cocinas, pero siempre con nombre masculino. En ese momento nadie sabía que era una chica trans, y ella no sabía que era hermafrodita, lo descubrió tras realizarse unos exámenes médicos a causa de un golpe. Tiempo después, una reestructuración en una empresa de limpieza, a pesar de cumplir y llegar siempre a horario, la dejó sin trabajo, solamente a ella.

“Ahí entendí que esto no era fácil”, cuenta. Gracias a la Secretaría de Géneros del Sindicato de Obreros y Empleados de Minoridad y Educación (SOEME) de José C. Paz llegó a contactarse con la Secretaría de Mujeres, Políticas de Género y Diversidades de La Matanza. “Ahora estoy en la Escuela N° 3 “Nuestra Señora del Carmen”, de Ramos Mejía, a 8 minutos de mi casa. Soy la primera que llego y duermo más. Hago las viandas del desayuno, merienda, almuerzo. Me siento feliz. Soy una persona. Puedo mirar a la gente y decirle que tengo un empleo”.

Puedo mirar a la gente y decirle que tengo un empleo”.

Cordelia Vega, auxiliar de escuela

En la otra punta de la mesa está Cris. Tiene 31 años y coincide con Cordelia:

“En otros trabajos que he tenido tenía que esconderme, no podía pintarme, arreglarme… siempre sentía que tenía que esconder lo que era y soy”, relata. Es misionera, de un pueblo donde “ser trans era sinónimo de ser lo peor”. Por eso, ni bien terminó la secundaria decidió viajar a Buenos Aires.

“Trabajé mucho tiempo en una textil, con personas muy juzgadoras. A donde iba siempre tenía miedo de mostrarme como soy. No era libre de decir yo soy así, soy una persona más”, cuenta. Luego la textil fue relocalizada y Cris quedó sin trabajo.

“Presenté currículum en muchos lados y siempre con el miedo de decir soy trans… Con el tiempo fui aprendiendo y sabiendo quién soy yo. Empecé a conocer más chicas trans que me daban aliento a decir vos podés, sos una persona más, sos inteligente. Conocí a Erika y a Grecia de la Asociación Civil Diversidad Transformar que me ayudaron a salir. Hoy tengo el puesto de auxiliar, estoy muy contenta, es mi primer trabajo en blanco, me recibieron de diez. No sé cómo agradecer todo esto. En este trabajo puedo caminar tranquila, ser libre, sabiendo que soy yo misma. Me siento una persona si tengo mi trabajo”, concluye.

Hoy tengo el puesto de auxiliar, estoy muy contenta, es mi primer trabajo en blanco, me recibieron de diez”.

Cris, auxiliar de escuela

Resuenan otra vez los aplausos y algunas cabezas asienten. Entre ellas, la de Uma. Tiene 41 años y empezó a hacer su transición en el 2020. Hasta ese momento, trabajaba en seguridad privada.

“Un día dije basta. No me sentía cómoda, estaba deprimida. Renuncié y empecé mi tratamiento. Ahí conocí a Erika (de Diversidad Transformar) quien me comentó lo del Cupo Trans y ahí nomás me anoté”, relata con voz tímida. Y agrega:

“Estuve parada mucho tiempo, y esto me dignificó. Había entrado en depresión. ‘Me corto el pelo de vuelta y, trabajo como hombre’, me dije, pero después lo pensé mejor porque me había costado mucho hacer el cambio”, confiesa.

Su primer día en la escuela fue todo un desafío: “Si lo pensaba dos veces no iba. No sabía cómo afrontarlo. Pensé que se me iba a hacer muy difícil porque tenía mucho prejuicio conmigo misma, con cómo me iban a tratar las personas. Porque empecé de grande mi cambio… pero ahora estoy contenta, trabajando en la Escuela Primaria N° 42, de Ramos Mejía,  turno mañana”.

merienda cupo laboral travesti trans
Foto SMPDGYD de La Matanza

Una nueva oportunidad

“La Ley de Cupo Laboral Trans se crea por una particularidad: entendiendo que hay más de un 90% de personas trans que no accede al sistema en general (salud, trabajo, educación y al trabajo) como algo fundamental para el empoderamiento de esas compañeras y formar parte del sistema implica tener un aporte jubilatorio, obra social, es decir, estar dentro del contexto de los derechos. Si bien el derecho al trabajo ya existía, se tuvo que crear señalando una particularidad como la Ley del Cupo Trans. Entendemos que hoy es necesario pero militamos para formar parte del sistema, es decir, para que no tenga que haber particularidades porque seamos personas travestis trans”, resalta Grecia Villalba, Directora de la Asociación Civil Diversidad Transformar, una de las organizaciones impulsoras de la creación del tercer listado para incorporar a personas travestis y trans a cargos de auxiliares de escuelas, nos recuerda.

Entendemos que hoy es necesario pero militamos para formar parte del sistema, es decir, para que no tenga que haber particularidades porque seamos personas travestis trans”.

Grecia Villalba, Directora de la Asociación Civil Diversidad Transformar

La Directora de Protección de Derechos, Lic. Cecilia Turquet, señala que, en ese sentido,  “la inseguridad con la que conviven las personas travesti-trans muchas veces tiene que ver con el circuito del sistema prostituyente, los ataques, las amenazas”.

Habían pasado tan solo 20 días desde que Sol salió de un coma provocado por el ataque de un putero. Ella ya había vuelto a la calle porque necesitaba la plata cuando la llamaron por figurar en el listado para Auxiliares de Escuela.

“Fue todo muy rápido. Hasta la noche anterior había estado trabajando en la calle, todavía tenía mucho maquillaje encima y al otro día ya me tenía que presentar. Cuando llegué a la escuela había un señor grandote con cara de malo. Era el director. Parada en la puerta, pensé en volver a mi casa. Lo primero que pensé fue: me paro en esa puerta y vé un travesti”, admite Sol.

Con su voz tranquila, relata su primer diálogo con el directivo de la escuela:

– Vengo por una suplencia.

– Pasá (me da la mano) Mucho gusto.

“Eso me cambió. Me dio ganas de volver. Me recibió tan bien, hizo el acta, me presentó con los demás compañeros y hasta el día de hoy nos llevamos bárbaro”.

– ¿Qué pensamientos se te cruzaron por la cabeza?

– Me costaba entender. Ahora con los días que van pasando me doy cuenta que es un cambio de vida. Ya era costumbre para mí bañarme, producirme y salir. Ahora empiezo a hacer lo mismo y me digo “ahora puedo mirar la tele”. Todavía me cuesta dormir temprano y me tengo que levantar a las 5 para entrar a las 7.

– ¿Qué significa para vos este trabajo?

– Me permitió un montón de cosas. Me dio más seguridad pero no por el dinero. Siento que pertenezco a todos. Todos tienen trabajo. Yo siempre tuve que inventarme el trabajo. Siempre por mi cuenta, toda mi vida, porque sabía que si iba a buscar trabajo nadie me lo iba a dar: hice ropita, pan casero, muebles. Toda mi vida me propuse salir adelante como sea. La escuela donde estoy ahora queda a 14 cuadras de mi casa, en San Javier, Virrey del Pino. Significa el hecho de tener otra oportunidad. Cuando la llamo por teléfono mi mamá llora. Me dice ‘anoche me acosté y me sentía feliz porque sabía que no estabas en la calle’. Ella ahora duerme tranquila.

Significa el hecho de tener otra oportunidad. Cuando la llamo por teléfono mi mamá llora. Me dice ‘anoche me acosté y me sentía feliz porque sabía que no estabas en la calle”.

Sol, auxiliar de escuela

Hacia el final del encuentro habla por primera vez Mónica Benítez, la más grande, en edad, de todo el grupo:

“La generación de Sol está aprendiendo a vivir con la posibilidad de tener un trabajo, con la posibilidad de integrarse a la sociedad. Yo me hice trans a los 13 años, ya tengo 59. Viví otra clase de vida. Las escucho y vuelvo para atrás, a todo lo que viví. ¡Hoy hay una libertad tan linda! Sé que hay muchas cosas que acomodar. El tema de la seguridad no pasa solamente en el trabajo o en la  calle, nos pasa caminando sin más”, reflexiona con seriedad. Y a continuación, el rostro se le ilumina:

“Yo me siento muy bien en este nuevo trabajo. Trabajo en el mismo barrio donde me crié durante 35 años, en Ciudad Evita, en la Escuela 18. Llego a la escuela y me pongo a preparar el desayuno ¡Y es tan lindo darle de comer a los chicos! Cuando me toca hacer esa entrega, te incentivan las criaturas. Me dicen “seño” y te aprecian por lo que hacés. Y lo siento. Lo único que falta es que me digan abuela”, se ríe.

“La lucha de Diana Sacayán está siempre presente. Me gusta escucharlas porque siento que hay un triunfo de nuestro colectivo, más allá de la bandera política. Lo que importa y lo que creo es que estamos de pie, vivas”, remata Mónica.

La lucha de Diana Sacayán está siempre presente. Me gusta escucharlas porque siento que hay un triunfo de nuestro colectivo, más allá de la bandera política”.

Mónica Benítez, auxiliar de escuela

“Y logrando cosas, con lucha, trabajo y respeto”, agrega Sol.

Detrás de cada política pública feminista implementada, en el territorio hay historias de vida que cambian.

Matanza avanza sin machismos.


Foto de Portada: SMPDGYD de La Matanza

spot_imgspot_img

Novedades

spot_imgspot_img

Te puede interesar

Menstruar es político

Seguimos recorriendo cada barrio de La Matanza y, en...

 Liliana Furió: “Ilse es una caja de pandora”

Ilse Fuskova tiene 93 años de vida marcada por...

Escucha activa: la clave de la línea 0800-999-7272 (PARÁ)

La Matanza cuenta con la línea gratuita 0800-999-7272 (PARÁ)...

Los derechos en agenda

Por Dra. Noor Jiménez Abraham* La Secretaría de Mujeres, Políticas...