Llegaron con miedos, dudas y muchas veces agotadas de tener que explicar quiénes eran sus hijas e hijos y enfrentar miradas prejuiciosas. En las meriendas para niñeces y adolescencias trans y sus entornos afectivos encontraron algo que necesitaban: un lugar donde hablar, ser escuchadas y compartir con otras familias que atravesaban experiencias similares.
Guadalupe, Nadia y Antonela son tres de las mamás que participan de esta iniciativa de la Secretaría de Mujeres, Políticas de Género y Diversidades, coordinada por la Dirección de Protección de Derechos. En la jornada “Seis años implementando políticas públicas feministas en el territorio” compartieron sus historias y contaron qué significó para ellas encontrar esta red de acompañamiento.
Cada familia tiene su propia historia, pero hay un hilo común: las meriendas se convirtieron en un espacio para poner en palabras las angustias, encontrar herramientas para acompañar las crianzas y, sobre todo, construir redes con otras familias.
“Es por estas mamás que esta política pública ha crecido tanto como red de sostenimiento y contención”, afirmó la directora de Protección de Derechos, Cecilia Turquet.
“Cada paso es un montón”
“Las meriendas nos sirvieron para arrancar un nuevo camino, aprender a organizarnos y tomar la decisión de no esconder a nuestros hijos y luchar por sus derechos”, señaló Guadalupe, mamá de Camilo y una de las fundadoras del espacio que ya lleva tres años.
Al respecto aclaró que “esto de ‘luchar por los derechos de nuestros pibes’ no es sacarle derechos a otros, sino que queremos que nuestros hijos vayan a la escuela, tengan acceso a la salud y a un trabajo”.
“Cada paso es un montón porque tuvimos que enfrentarnos a una pared enorme -expresó-. Y acompañados es más fácil”.
Guadalupe advirtió que “lamentablemente no todas las escuelas escuchan, no todos los profesores entienden pero, sobre todo, no lo hacen las familias de los otros chicos, de las identidades cis género, que para muchos somos ‘familias problemáticas’, ‘madres quilomberas’ y nuestros ‘hijos degenerados’, discursos que el Gobierno nacional apoya todo el tiempo”.
Frente a esas miradas reivindicó el acompañamiento del grupo: “Detrás de cada identidad disruptiva, detrás de cada identidad trans, hay una familia que transiciona junto a ellos. En nuestro caso, no transicionó Camilo solamente, lo hicimos todos como grupo familiar”.
Detrás de cada identidad disruptiva, detrás de cada identidad trans, hay una familia que transiciona junto a ellos. En nuestro caso, no transicionó Camilo solamente, lo hicimos todos como grupo familiar.”
Guadalupe, mamá de Camilo
“Un espacio para expresarnos”
Nadia, mamá de Manu, puso el foco en otro aspecto central: la posibilidad de que una transición pueda ser vivida desde la alegría y no desde el miedo.
Contó que Manu siempre decía “yo soy nene”. Pero hubo un momento significativo cuando, caminando junto a su papá, vio un mural de Tehuel de la Torre y preguntó quién era. Fue entonces cuando utilizó por primera vez la palabra “trans” para nombrarse.
Desde su experiencia, Nadia afirmó: “Puedo dar fe que se puede tener una transición feliz, festejada, bienvenida. Y como familia somos muy conscientes de la total excepcionalidad de lo que les estoy diciendo”.
“Una pata necesaria para que mi hijo haya podido tener ese proceso feliz son las meriendas -afirmó-. Me dieron herramientas que no hubiera podido tener a pesar de mis diez años de militancia por la Educación Sexual Integral (ESI)”. Y uno de los aportes, según explicó, consiste en separar las necesidades de las personas adultas de las necesidades de las niñeces y adolescencias.
Mientras madres, padres y otros familiares encuentran allí un lugar para expresar miedos, angustias, duelos, las niñeces pueden vivir su proceso desde otro lugar. “Las meriendas brindan a los adultos un espacio para expresarnos, para llorar también, y dejar a las niñeces festejar, porque la transición es un nacimiento, es un acto de valentía y hay que saberlo acompañar”, manifestó.
Y sintetizó lo vivido con una frase contundente: “Las niñeces tienen derecho a una transición feliz”.

Nadia también contó las dificultades que encontró en el ámbito educativo. Desde jardín hasta los primeros años de primaria, Manu cambió de institución hasta encontrar una comunidad que lo acompañara en su proceso.
“El problemas son las familias”, indicó, que realizaban comentarios desagradables que los “marcaron mucho” tanto a ella como a su marido.
La situación cambió cuando su hijo comenzó tercer grado y encontraron una comunidad educativa diferente. “Ahí encontramos tierra fértil”, afirmó. Y destacó que si bien las niñeces siempre habían acompañado a Manu, en ese momento también empezaron a hacerlo las personas adultas.
Por eso, para Nadia, “un Estado presente es fundamental para asesorar a docentes, fortalecer la ESI y sostener espacios como las meriendas”.
Derecho a la salud mental
Antonela, mamá de Franklin, habló sobre el acceso a la salud mental y las dificultades que atraviesan las niñeces y adolescencias trans neurodivergentes.
Su familia, contó, tuvo que atravesar experiencias con profesionales que abordaban las identidades trans desde una mirada patologizante: “Conocimos profesionales totalmente homofóbicos, con miedo al cambio, a lo diferente, que cuestionaban o diagnosticaban de formas que no eran buenas”, señaló.
Conocimos profesionales totalmente homofóbicos, con miedo al cambio, a lo diferente, que cuestionaban o diagnosticaban de formas que no eran buenas.”
Antonela, mamá de Franklin
Además señaló que “acceder a salud mental es muy difícil en este momento, tanto para obtener la medicación, como para los turnos de profesionales y acá encontramos apoyo”.
“Muchas familias nos sentimos solas. No sabemos adónde recurrir. Nos sentimos totalmente culpables por no saber cómo proteger a nuestros niños, niñas o adolescentes”, expresó. Y en ese contexto destacó el acompañamiento de la Secretaría.
“La salud mental es muy importante, no son enfermos, no somos enfermos. Tampoco, como se nos dice, los padres somos degenerados, perversos o personas que apañamos. Acompañamos y es algo realmente importante para ellos”, afirmó.

Compromiso militante transfeminista
En el cierre de la actividad, Nadia agradeció la presencia de personas adultas trans en las meriendas: Martín Arcymienia y Alice Guzmán, quienes “cumplen un rol fundamental, no solamente para nuestros hijos sino para nosotros”.
En tanto, Turquet destacó el trabajo del equipo de Protección de Derechos que sostiene el programa y reivindicó a quienes lo construyeron a lo largo de estos tres años. “La transformación y el impacto de esta política pública es inmensa para replicar desde la sociedad civil, para replicar desde otras áreas”, afirmó.
No se trata de una política que requiera grandes inversiones económicas, sino de una construcción que necesita “recursos humanos, formación y, sobre todo, compromiso militante transfeminista”.

Fotos: Irupé Zapata y Sabrina Suárez







