Cuidar tiene un costo: el trabajo invisibilizado que recae sobre las mujeres

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Cocinar, limpiar, cuidar de las infancias y adolescencias, acompañar a una persona mayor, asistir a quien tiene una discapacidad o sostener a quien atraviesa una enfermedad son tareas indispensables para que la sociedad funcione. Aunque ocupan una parte central de la vida cotidiana, no siempre son reconocidas como un trabajo, se distribuyen de manera desigual y recaen fuertemente sobre las mujeres.

“La organización social se sostiene con cuidados, como la vida misma, y sigue estando altamente feminizada”, señala la socióloga Virginia Franganillo, especialista en Estudios de la Mujer, al reflexionar sobre la importancia del Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, que se conmemora cada 29 de octubre.

La fecha, establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas recién en 2023, promueve el reconocimiento del cuidado como una dimensión fundamental del bienestar, la igualdad de género, el desarrollo sostenible y los derechos humanos. También pone en discusión quiénes cuidan, en qué condiciones lo hacen y qué responsabilidades deben asumir el Estado, las empresas, las comunidades y las familias.

“El trabajo de cuidados es necesario para reproducir y sostener la vida. Desde el feminismo, en los últimos años, hubo un importante crecimiento que contribuyó a este tema, que hoy es central en todos los organismos internacionales”, señala Franganillo.

El trabajo de cuidados es necesario para reproducir y sostener la vida. Desde el feminismo, en los últimos años, hubo un importante crecimiento que contribuyó a este tema, que hoy es central en todos los organismos internacionales.”

Virginia Franganillo, socióloga feminista

ONU Mujeres afirma que el trabajo doméstico y de cuidados es uno de los ejes que mantienen al mundo en marcha. Según la organización internacional, las mujeres dedican 2,5 veces más tiempo al trabajo de cuidados no remunerados que los varones.

También ocupan la mayoría de los puestos remunerados del sector, como trabajadoras de casas particulares, cuidadoras, enfermeras y niñeras. Sin embargo, estas tareas suelen desarrollarse en condiciones de informalidad, con salarios bajos y sin protecciones básicas, como cobertura sanitaria o licencias remuneradas.

La desigualdad no se limita a quién prepara la comida o se ocupa de la limpieza. También determina quién dispone de tiempo para trabajar por un salario, estudiar, descansar, participar de la vida pública, atender su propia salud y construir una trayectoria laboral que le permita acceder a una jubilación digna.

Uno de los principales obstáculos ha sido la invisibilización de esta división sexual del trabajo. La dimensión económica de estas tareas puede medirse. Franganillo destaca que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa entre el 18% y el 23% del Producto Bruto Interno (PBI) a nivel nacional, mientras que en la provincia de Buenos Aires alcanza el 29%.

“Eso también es riqueza, también es valor”, remarca la socióloga feminista, primera presidenta del Consejo Nacional de la Mujer y coordinadora de La cocina de los cuidados, un espacio intersectorial de debate, monitoreo y elaboración colectiva que funciona en articulación con el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales).

Respecto a que aún está arraigada la idea que las mujeres cuidan por amor, Franganillo aclara: “Nosotras decimos que es amor y es trabajo”. La frase condensa un debate central: reconocer el afecto que puede acompañar las tareas de cuidado no debe implicar desconocer el tiempo, los conocimientos y el esfuerzo que demandan y la necesidad de una transformación de la organización social.

29 de noviembre Día de los Cuidados y el Apoyo
ONU Mujeres destaca que las mujeres dedican 2,5 veces más tiempo al trabajo de cuidados no remunerados que los varones.

Argentina: cuidar depende cada vez más de las familias

En nuestro país, el desmantelamiento de las políticas públicas de cuidados profundiza la tarea hacia los hogares y, especialmente, sobre las mujeres.

El último informe de La Cocina de los Cuidados analiza los efectos del ajuste sobre la vida cotidiana y la organización de estas tareas. “Es brutal” el impacto en las familias, advierte Fraganillo.

Entre los datos relevados en una investigación de opinión pública por La cocina de los cuidados junto con Ágora Consultores, se advierte que en los hogares con niñas y niños menores de cinco años, el 43% no asistía a ningún jardín. Las mujeres de las familias -madres y abuelas- eran las principales cuidadoras en el 47% de los casos, frente al 22% de los padres y abuelos varones.

En los hogares con adolescentes, ocho de cada diez familias encuestadas perciben que el apoyo del Estado se retiró en los servicios de atención y cuidado de la salud -física, mental, sexual y reproductiva- y en las políticas destinadas a sostener la permanencia escolar.

La situación también se refleja en las necesidades de cuidado de las personas mayores. Según el informe, el 59% de las familias resolvía esas necesidades mediante el tiempo de sus propios integrantes. A la vez, se registró una caída en la contratación de servicios pagos: los cuidadores domiciliarios pasaron del 14% al 11%; la contratación de empleadas de casas particulares, del 8% al 5%; y la asistencia a centros de día, del 13% al 0%.

En las familias que cuidan a personas que tienen discapacidad, la gestión cotidiana de los apoyos se concentra en el 45% de los casos en integrantes del propio hogar. El documento alerta sobre la disminución de la concurrencia a centros de día o escuelas de educación especial, que pasó del 24% en 2024 al 8% en 2025.

Las cifras exponen las dificultades que enfrentan los hogares y la importancia de contar con servicios públicos de cuidado y educación que acompañen las jornadas laborales, además de licencias para cuidar, jornadas laborales compatibles con las responsabilidades familiares y espacios de cuidado en los lugares de trabajo.

Franganillo agrega que las consecuencias exceden la organización doméstica y se vinculan con la desigualdad económica. “¿Por qué tenemos este nivel de pobreza? ¿Solamente por el modelo económico? No. La organización social del trabajo y del cuidado es donde la pobreza se instala y se reproduce socialmente”.

¿Por qué tenemos este nivel de pobreza? ¿Solamente por el modelo económico? No. La organización social del trabajo y del cuidado es donde la pobreza se instala y se reproduce socialmente.”

Virginia Franganillo, socióloga feminista

Cuando una madre debe quedarse en su casa para cuidar a sus hijos porque no cuenta con alternativas, sus posibilidades de acceder a un empleo se restringen. Y cuando intenta regresar al mercado laboral, en la mayoría de los casos puede hacerlo en condiciones más desfavorables.

“Hay que pensar la vida de las mujeres. Estamos todo el tiempo quejándonos porque no tenemos tiempo para nada. Y no tenemos tiempo para nada porque cuidamos muchas horas al día”, destaca.

Hacia una nueva organización social del cuidado

En agosto pasado, la mesa intersectorial de La Cocina de los Cuidados presentó una propuesta de Acuerdo Nacional por los Cuidados, para reconocer esta tarea como un derecho y una responsabilidad compartida entre el Estado, las familias, las comunidades, las organizaciones sociales, los sindicatos y el sector privado. 

El acuerdo ya tiene la adhesión “de 900 organizaciones sociales e institucionales y 70 municipios”, indica la socióloga.

“Necesitamos reconstruir una organización social basada en la corresponsabilidad. Proponemos este acuerdo de trece puntos no como un conjunto de políticas aisladas, sino como transformación profunda y estructural”, señala.

“Creemos que una sociedad que cuida es una mejor sociedad, donde todas las personas puedan desarrollar sus proyectos de vida con autonomía, dignidad y la certeza de que, cuando necesiten cuidados, no estarán solas”, destaca el documento, y agrega que “frente al individualismo, elegimos la comunidad”.

Reconocer los cuidados significa garantizar el derecho de todas las personas a recibirlos, cuidar a quienes los brindan y comprender que sostener la vida no es una obligación privada ni una disposición natural de las mujeres, sino una responsabilidad colectiva que exige políticas públicas, recursos y una nueva organización social.

29 de noviembre Día de los Cuidados y el Apoyo
“Necesitamos reconstruir una organización social basada en la corresponsabilidad”, sostuvo la socióloga feminista Virgina Franganillo

Foto de Portada: Pexels

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Redacción
Redacciónhttps://generosmatanza.com/
Secretaría de Mujeres, Géneros y Diversidades
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