Cerramos los ojos y recordamos los orígenes, las diferentes historias que nos llevan al encuentro de nuestras ancestras que soñaron, lucharon y muchas veces murieron por nuestros derechos. Esas voces que denunciaron las diferencias para lograr las igualdades.
Este 8M nos exige abrir los ojos a un mundo en el que un varón poderoso en nombre de “la libertad” bombardea una escuela y mata nenas y docentes que estaban en su día de clases. No es error de cálculo, es una decisión política.
Abrimos los ojos en un país donde, un varón poderoso, en nombre de la modernización, llama “reforma” a un retroceso brutal que impacta de lleno en la vida cotidiana de mujeres, madres jóvenes o mayoras, quienes verán su vida desordenada, empobrecida, sin horarios ni organización, a merced de quien paga el salario o de la búsqueda de la changa.
Sin reconocimiento jubilatorio para una vida de cuidados, sin remuneración adecuada para muchas horas de trabajo fuera y dentro de casa. Quienes retiran al Estado de sus funciones saben lo que hacen, no es error de cálculo, es una decisión política.
Nada nos fue otorgado, todos los derechos los militamos y los conseguimos juntas, agrupadas o desordenadas: algunas marchan en las calles al mismo tiempo que otras ocupan sus bancas en las academias y en el recinto legislativo.
Todas somos mujeres trabajadoras con y sin salario.
El 8M nos convocamos, desde donde estemos, por la defensa de los derechos adquiridos y porque el desafío de la construcción de nuevos derechos no se detiene, ni por las amenazas ni por el ninguneo. Somos eslabones que conforman las más fuerte y, al mismo tiempo, elástica de las cadenas.
Tenemos razones de sobra para escribir la historia como protagonistas indispensables del presente. Es una decisión política.
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