En una mesa compartida entre mates, lágrimas y risas, tres mujeres sobrevivientes de las violencias machistas recuerdan el camino que las llevó hasta el Centro de Atención a la Mujer (CAM) “Irma Velázquez”. Hace pocos días dejaron el “refugio” para comenzar una nueva etapa y proyectar un futuro que durante mucho tiempo parecía imposible.
No se conocían antes de ingresar. Cada una llegó en distintos momentos, incluso de madrugada, con lo poco que pudo llevarse antes de escapar junto a sus hijas e hijos de años de violencias.
“Salí con la ropa que tenía puesta”. “Entré con miedo”. “Acá empecé a respirar de nuevo”. Las frases aparecen una detrás de otra. Distintas historias, un mismo punto de partida.
No son casos aislados. La violencia doméstica continúa siendo la modalidad predominante en la provincia de Buenos Aires. Entre 2020 y 2025 estuvo presente entre el 94% y el 97% de las situaciones registradas por la Línea 144 PBA. La violencia psicológica continúa siendo el tipo más frecuente durante todo el período.
Una de ellas recuerda cuál fue el momento en que decidió salir: “Lo que me hizo el clic fue mirar a mi hija y pensar cómo le voy a decir el día de mañana ‘andate, dejalo si te golpea’, si ella veía todo lo que el padre me hacía, y cómo le voy a decir a mi hijo que no le pegue a las mujeres.”
Lo que me hizo el clic fue mirar a mi hija y pensar cómo le voy a decir el día de mañana ‘andate, dejalo si te golpea’, si ella veía todo lo que el padre me hacía, y cómo le voy a decir a mi hijo que no le pegue a las mujeres.”
Sobreviviente de violencias de género
Otra cuenta que mientras todavía intentaba entender lo que estaba viviendo, encontró algunas respuestas en los videos del psicólogo Gabriel Rolón. “Yo miraba esos videos en el celular, donde él hablaba de lo que era el amor. Yo sentía que él me decía: ‘Esa persona no te quiere. Esa persona no te está dando amor, no te está respetando’”.
Hoy son amigas. Se consideran las tías de sus hijas e hijos, eligieron mudarse al mismo barrio y ya proyectan juntas un emprendimiento que les permita generar ingresos.
Entre ese primer día y hoy hubo un proceso de acompañamiento, talleres, escucha y reconstrucción que les permitió imaginar un futuro distinto.
Ponerle nombre a las violencias
Durante años convivieron con situaciones que habían naturalizado. Recién en los talleres del CAM comenzaron a reconocer que muchas de esas experiencias eran violencia.
“Me fui dando cuenta de que no necesitás un golpe para saber qué es violencia”, reflexiona una, mientras otra compañera recuerda que descubrió que muchas situaciones que consideraba “normales” también eran formas de violencia.
“Los talleres, coordinados por un equipo interdisciplinario, abordan los distintos tipos de violencias, los vínculos saludables, la autonomía y los derechos. A través de dinámicas grupales, películas y espacios de reflexión, las mujeres pueden revisar sus historias, compartir experiencias y tomar nuevas herramientas para el futuro”, explica la coordinadora del CAM, la Lic. Marcela Cipollino.
A través de dinámicas grupales, películas y espacios de reflexión, las mujeres pueden revisar sus historias, compartir experiencias y tomar nuevas herramientas para el futuro.”
Lic. Marcela Cipollino, coordinadora del CAM “Irma Velázquez”
Cuando el aislamiento se rompe
El aislamiento suele ser una de las principales herramientas de quienes ejercen violencia. En el CAM ocurrió exactamente lo contrario: encontraron una red. “Conocerlas fue una luz en la oscuridad. Siempre tenemos temas de conversación, nos ayudamos con los chicos y con los quehaceres”, cuenta una de ellas.
Se miran mientras recuerdan esos primeros días. “Nos conocimos en nuestra peor etapa. En esos momentos en los que no querés que nadie te vea, que nadie te hable. Y ahora estamos así, forjadas”.
Nos conocimos en nuestra peor etapa. En esos momentos en los que no querés que nadie te vea, que nadie te hable. Y ahora estamos así, forjadas.”
Sobreviviente de violencias de género
Hace pocos días ayudaron a una de las mujeres a retirar todas sus pertenencias de la casa donde había vivido con el agresor. “Durante la mudanza no quisimos dejar nada, hasta los foquitos de luz nos llevamos”, cuentan sonrientes.
A la que definen como “el cerebro” del grupo ya se le ocurren nuevos proyectos: “Mi plan es salir las tres hacia adelante porque trabajando todo se puede, cada una nos hacemos un capital y luego cada una administra”. Por ahí, se dan las cosas, puedan empezar vendiendo ropa y comidas apenas terminen de instalarse.

Volver a pensar en ellas
¿Qué desean? La pregunta las descolocó, hubo silencio largo. “No lo había pensado”, dice una. “Yo había pensado más en mis chicos”, agrega otra. Recién después aparecen los propios deseos.
Una quiere terminar el secundario y seguir Enfermería. Otra sueña con retomar su oficio como peluquera. Otra desea volver a jugar al fútbol junto a sus hijos.
Son proyectos que habían quedado suspendidos. Pensarse nuevamente como mujeres con deseos propios y colectivos también forma parte del proceso de salida de las violencias. Porque estas no terminan con una denuncia. Allí comienza otro camino. Por eso, la Secretaría de Mujeres, Políticas de Género y Diversidades continúa acompañando con medidas de protección, atención psicológica y social, el fortalecimiento de sus proyectos de autonomía y el seguimiento de cada situación.
Antes de terminar la entrevista, una de ellas deja un mensaje para otras mujeres y LGBT+ que hoy atraviesan situaciones similares: “Salir cuesta. Da miedo. Pero afuera hay gente buena que te ayuda. Hay herramientas. Hay lugares como este que te acompañan un montón y te cambian la vida”.
Salir cuesta. Da miedo. Pero afuera hay gente buena que te ayuda. Hay herramientas. Hay lugares como este que te acompañan un montón y te cambian la vida.”
Sobreviviente de violencias de género
Las historias de estas tres mujeres muestran que salir de las violencias es un proceso. Y que cuando el acompañamiento, la comunidad y las políticas públicas se encuentran, es posible volver a imaginar un futuro.
“Muchas llegan creyendo que lo que vivieron es parte de la vida cotidiana. En esos espacios empiezan a ponerle nombre a las violencias, comparten experiencias y descubren que pueden construir otra manera de vivir. Acompañarlas hasta este momento, verlas irse con proyectos, con vínculos que construyeron entre ellas y con sus hijos e hijas empezando una nueva etapa, es una enorme alegría para todo el equipo del CAM”, cierra Cipollino.
Foto de Portada: Irupé Zapata







