La vida intensa de Lohana Berkins

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Pasaron ya 20 años de esta entrevista y 10 de la muerte de Lohana.

No es la primera vez que la publico, creo que hacerla circular nuevamente, recuperar su pensamiento será un remanso en medio de tanta palabra cruel, de tanta violencia como la que estamos enfrentando.

Era 1996 y para entonces Lohana Berkins ya era famosa. Llegó a la FM Palermo, donde junto al Dr. Adrián Sapetti hacíamos “El Jardín de las Delicias”, a cara lavada y cabello recogido como diciendo acá hay una travesti, no un estereotipo. Así conocí a Lohana y en ella -y con ella- a tantas travas que la peleaban para salir de la calle que, por entonces, parecía ser el único destino. Prostituirse…

Y llegó ella que con su vozarrón anunció que ya había sido suficiente.

Leela o releela. Es impresionante su vigencia.

HLVS. Gracias amiga. Te extraño.

.– ¿Por qué Lohana?

.– Yo soy salteña de origen boliviano, lo cual me enorgullece muchísimo. Cuando asumí mi identidad siendo muy pequeña (después vino la dictadura) trabajaba en un cabaret, yo había decidido ponerme el nombre de mi mamá que se llamaba Ana Victoria. Imaginate en un cabaret; Ana no iba, parecía de Madre Superiora. La dueña me dijo te tenés que cambiar el nombre. Joana, Anabella… no me gustaban. Recordé a un tío, hermano de mi papá, que a todo le ponía Lo: “lo silla, lo Adolfo, Lo Ana”; le puse la h en el medio. Hoy hay chicas que se llaman Lohana.

Esa soy yo: Lohana Berkins (un gran amor que tuve en Salta me decía Perkins…).

.– Qué quiere decir muy pequeña… ¿Qué edad tenías?

.– La identidad se construye desde que uno nace, sino hay como una idea fantasiosa, reductivista, que piensa que vos de un día para el otro mutás. En cualquier ser humano, en la vida se desencadena algo que ya existe.

Cuando yo era muy pequeña decía, voy a ser mujer, me voy a llamar así. Los primeros años, si debo ser honesta, estaba construida en la única dicotomía posible: hombre-mujer. A mí se me marcaba sos varón y yo no encontraba asidero en ese ser varón, entonces yo me percibía como ser mujer. Viví muchos años pensando que eso iba a ser corregido, como en esa bellísima película “La vida en rosa”… tuvieron que pasar muchos años para que yo aceptara que estaba ajustada a la identidad travesti.

Después me di cuenta que la cosa era mucho más maravillosa, mucho más compleja, que nosotras somos travestis.

La identidad se construye desde que uno nace, sino hay como una idea fantasiosa, reductivista, que piensa que vos de un día para el otro mutás.”

Lohana Berkins, activista travesti

La disciplina médica que es la que constantemente nos está construyendo nos dice que somos “mujeres en un cuerpo equivocado”, lo cual es también muy violento porque me sugiere ¿cuál es el cuerpo correcto de una mujer? Simplifica, pone una unicidad en ese cuerpo borrando la diáspora de las mujeres: edad, clase, etnia, pensamiento misógino que es pensar a una mujer en una unicidad. O peor, “atrapadas en un cuerpo equivocado”, que es más violento todavía.

Por muy loca que yo sea es imposible que dentro de mí esté viviendo otra persona, sería esquizofrénico… Por favor… si es así liberen a esa pobre…

Esas cuestiones que son siempre con un pensamiento único, una matriz para pensar, modelo original, único, natural… todo lo antinatural va por fuera. Es una cuestión reaccionaria, esencialista que no resiste el análisis y que solo concibe una manera de construirse personas.

Lohana Berkins
Foto Internet

.– ¿Y tu adolescencia? ¿Te quedaste en Salta? ¿Cómo fue?

.– Mi adolescencia fue una mezcla de muy linda y muy triste… (me mira de frente, esperando que yo le indique si seguimos por ahí).

.– ¿Tenés hermanos?

.– Muchos… muuuuchos (alarga), somos 13. Yo venía de una familia bien constituida (para despejar dudas y preconceptos), padre, madre, hermanos, salteños todos. Era una chica que tenía claro que quería vivir su vida, me despertaba -como decimos las travestis- fresca de cuerpo. Eso quiere decir si un día querés desayunar en la sala con deshabillé pues, yo no tenía ningún problema, el problema lo tenían los otros. Plantear que yo quería ser de tal manera, para mí no era un inconveniente… era el entorno el que intentaba reconducirme a ese ser varón. Entonces mi niñez fue bastante trágica, fue una etapa de situaciones muy duras y la más dura fue que me echaron de mi casa teniendo 13 años. Ahora desde la distancia me doy cuenta, en ese momento lo vivía como un desafío y un juego y yo (arrastra la ye) tenía la certeza que ellos me iban a buscar… y la verdad es que me quedé esperando.

.– ¿Nunca te buscaron?

.– Nunca. Con mi madre me reencontré siendo grande, ya tenía como 22 años o 20 y con mi padre muchos años después. Con mi madre sí, me reconcilié, ahí hubo todo un proceso que me lo aportó el feminismo, que me ayudó a comprender. Yo a mi madre la pude entender como mujer para poder perdonarla como madre. Era muy bonita, le cagaron la vida, tampoco tenía por qué saberlo todo, tuvo un montón de hijos que no sé si los quería tener, este proceso a mí me abrió poder dialogar con ella entendiendo su realidad, su opresión y sus pocos recursos. Ella no había terminado la primaria. La pude entender como mujer.

Yo me fui a su tumba, conservo esas tradiciones, bien de señora católica, y lloré y hablé con ella.

Con mi madre sí, me reconcilié, ahí hubo todo un proceso que me lo aportó el feminismo, que me ayudó a comprender.”

Lohana Berkins, activista travesti

Con mi papá no. Mi papá tenía claro el poder y lo ejercía, al decaer sus ímpetus varoniles, de gran macho salteño, se debe haber dicho no sea cosa que la parca me venga a buscar y me buscó poniendo las cosas en su lugar.

.– ¿Qué quiere decir poner las cosas en su lugar?

.– Él debe haber pensado hay un hijo o una hija, no sé cómo me pensaba, que no está, vamos a buscarla.

El diálogo también fue muy hermoso, vino a proponer con arrepentimiento que había tiempo para reconstruir. A mí no me pasó nada, ni odio ni amor. Además, si yo en vez de ser su hija hubiese sido su vecina no lo hubiese elegido como amigo porque tenía otras cuestiones bastante reaccionarias. Me hizo muy bien poder decírselo.

.– ¿Cómo reaccionó?

.– Tremendamente mal.

.– ¿Tenía buena posición económica?

.– Sí, sí, pero yo no quise, como dice el refrán popular, ni un vaso de agua.

.– ¿Cómo es tu relación con tus hermanos?

.– Yo tuve que construir una vida. Son seres con los que no he compartido, no existe eso de… “te acordás cuando mamá…”.

.– Bueno, también imagino que te defendés, diciendo toda esa gente no me interesa… En definitiva, si bien han sido pocos, compartiste con ellos tus primeros intensos años, en algún lugar hay una huella.

.– Cuando yo me fui, me tuve que armar una situación sino era desesperante. Como que cayó un huevo y vos naciste en Travestilandia. Yo afectivamente me construí…

Siempre tuve la capacidad afectiva de trasladar esas estructuras familiares, también en eso para demostrar que lo sanguíneo es relativo. Marcaron a fuego mi vida otras maricas, otras personas, no me volví negadora al afecto, jamás, los recuerdos los ponía en otro lugar.

El otro día estaba con mi hermana que es tremenda, y le decía viendo a Guido Süller, yo me acuerdo que mamá cuando era chica me hacía arroz con pollo. “Seguro que te lo inventaste”, dice ella.  No sé, puede ser, pero yo en mi cumpleaños me hago arroz con pollo, como me hacía mi mamá.

Lohana Berkins
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.– ¿Cómo llegás a BA?

.– Antes llegué a Salta. Esa fue una etapa durísima. Salta es una provincia muy conservadora. Una de las cosas durísimas que me pasó es que yo no era una niña pobre. Cuando vos sos pobre, echás buenas y volvés a pobre… ya sabés de qué se trata.

Qué sé yo… dormir en el piso, yo no podía concebir en mi juvenil cabecita que eso era así. O tomar el té en tacitas de plástico… Horror. Además, el contexto. Ahí no existía la negociación, la palabra, al contrario, tenías que ser rápida pilla.

Yo caí parada como los gatos con La Pocha, porque ella se dio cuenta y ella me negociaba todo… A mí me gustaba leer de chiquitita, entonces “a ver andá, cómprame el diario, leéme tres noticias”, “bueno, andá a leer el diario y me contás”. Yo le leía y le inventaba: “Dice la policía que La Pocha cocinó horrible”, le inventaba…

.– ¿Siempre tenés tan buen humor?

.– Las travas no debemos perder el humor, es una manera de asumir la realidad, he vivido situaciones desopilantes. Y nos reímos. Es liberador.

.– ¿Cómo es el pasaje de la chica de la calle a la militante?

.– Siempre fui un poco justicierita y siempre fui muy lectora. Yo tenía un cliente, él me compraba un libro, lo leía, cuando lo terminaba se lo devolvía y me traía otro. El primero fue la biografía de J. Baker. Veía los noticieros, me ayudó mucho, cuando venía una de esas, muy violenta, le hablaba, cualquier problema me mandaban a mí a negociar.

Un día me di cuenta: había llegado al límite. Entonces yo era una prostituta exitosa, no me drogaba, no bebía, administraba bien mi dinero, estaba mirando todos los cables, iba y venía con el control remoto. Ahí me di cuenta que estaba mal, tenía a alguien que me hacía lo de la casa (siempre fui medio vaguita para las cosas de la casa), estaba rara, como si algo me abandonara.

Justo ahí empecé a pensar que algo debía pasar en mi vida. Desde chica pensé que me iba a retirar en un momento, siempre tuve claro que esto tenía fecha de salida. Por suerte fue antes de lo que pensaba.

Las primeras que se empoderaron fueron las prostitutas. Las primeras que salieron a la vida pública. Las primeras que manejaron dinero, sin embargo, nunca nos sentimos empoderadas y todavía no nos sentimos ni exitosas.

Las primeras que se empoderaron fueron las prostitutas. Las primeras que salieron a la vida pública. Las primeras que manejaron dinero, sin embargo, nunca nos sentimos empoderadas y todavía no nos sentimos ni exitosas.”

Lohana Berkins, activista travesti
Lohana Berkins junto a Carlos Jauregui
Lohana Berkins junto a Carlos Jauregui – Foto Internet

Volver a la escuela

.– Ya siendo activista quería terminar la escuela. Había que correr los márgenes de la exclusión en la que vivíamos. Fue un proceso. Me hicieron problemas para anotarme. Todas me querían acompañar y yo dije que no. ¿Qué es esto? ¿Salita de tres? ¡No!

Yo vivía del colegio a unas 6 cuadras. Dios mío. Fueron las peores 6 cuadras de mi vida. Yo iba caminando y decía “que se corte la luz, que se corte la luz…”, “que caiga una bomba, que caiga una bomba…”, “que se largue a llover y se inunde todo”. Era terrorífico todo lo que yo pedía en cada cuadra.

Mueve los brazos, mira al cielo, hace gestos generosos y se abraza.

.– Nunca registro que me reconocen, pero me la pasaba de la mañana a la noche en los canales de televisión; era el tema de los vecinos de Palermo y yo, muy fresca, como si nadie supiera quién soy, llego (soy muy puntual), abren la puerta y entramos. Veía los codazos.

Habían inventado un curso con los de “los problemas”, los que repetían … la Corte de los Milagros y el Trava.

El primer día entra un psicólogo y dice que tenemos que decir cómo nos llamamos y quién nos puso el nombre. Yo dije Lohana y que no sabía… Encima, cuando vivo situaciones de mucha violencia, la voz se me pone que parezco Goyeneche, de Goyeneche (agrava la voz) con Horacio Guaraní, después del vino.

Ahí estaba, contra la pared y le contestaba, era una escena muy fuerte. Una querida amiga, La Lili, me fue a buscar, nos abrazamos, lloramos. Yo sabía que iba a ser así. El primer pasito y ya está. No podía retroceder.

El segundo día… no; al tercer día, María, una compañera, me dijo: “¿Me puedo sentar con vos?”.  “Pero, mi vida, por favor…”. Yo sentí que me iluminó.

Después me eligieron delegada. ¡Ah! Bueno. No saben dónde vamos a llegar. Todos vamos a terminar cantando el himno travesti.

Terminé el secundario en San Telmo, con el promedio más alto. Fue una experiencia divina, salvo con uno que insistía en hablarme en masculino. Hasta que me planté y le dije: “Mire, profesor, yo soy travesti y si usted quiere yo le puedo explicar qué es una travesti. Yo entiendo que a usted no le enseñaron a tener en clase una alumna travesti. Si usted no quiere, llámeme por el apellido, pero míreme bien, yo señor no soy. ¿Dónde ve usted un señor?”

Nunca más… amorosísimo después.

Lohana Berkins
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.– ¿Cómo es el tema hoy de la escolaridad para niños/as travestis?

.– Eso no ha cambiado, el travestismo se asume entre los 8 y 12 años de edad. El Estado no está preparado para dar respuesta. No estamos preparados para educar y contener a los niños/as, basta con escuchar a (monseñor) Rubén Aguer. Una de las violencias más crudas es que las niñas se vean forzadas a la prostitución.

Me dicen que tengo un discurso terrorista; por ejemplo, cuando digo que vivimos en un apartheid. Es que vivimos en un apartheid. Les digo a las compañeras feministas (que) no solo hay que hablar de niños y niñas, hay que incluir a las niñas travestis. Somos 500, las 500 pasamos por la prostitución, entonces acá hay algo que está muy mal.

.– ¿Y qué pasa si se enferman? ¿Quién las atiende? El cuerpo hormonado, la imagen física que no coincide con lo que se aprende en la Facultad. Agarran el manual de Gender Dysphoria y no contextualizan el travestismo criollo.

.– Yo he ido al médico que me remaltrató y cuando me fui a quejar, el Director dice: “Bueno, tráeme la lista a ver quiénes son los médicos cancheros, progres”. “Ud. no entendió…. Que ella (la que la maltrató) se haga cargo de que me tiene que atender. Revisar, mirar mi cuerpo, le metí cirugía, hormonas ilegales”.

Es el autoritarismo de la ciencia médica, muchos médicos siguen operando a las compañeras de manera ilegal. Si tenés SIDA te cobran $3000 más. Por favor, eso no existe en ningún lado. Tenés que tomar recaudos y se acabó.

O con las hormonas y el VIH. Deben empezar a formarse y a ver de qué se trata, especializarse. Los protocolos son clasistas. Tienen que acomodarte a este concepto de varón o mujer. ¿Qué es eso?

Como cuando yo te decía de la voz, claro, yo tengo la voz de Goyeneche. Calzamos 40, claro, alguien que mide 1.80 no puede calzar 36. ¿Entendés? Empezar a mirarnos sin intentar el fenotipo, tipo novelita de cuerpos industrializados que nada tiene que ver con la realidad.

.– ¿Cómo fue tu acercamiento al feminismo?

.– Un acercamiento que me atravesó la vida. Otro hubiera sido el destino del movimiento travesti y del mío propio si lo hubiéramos descubierto antes. Incorporar que “Lo personal es político”. Y que es una herramienta política para pensar, rever, contextualizar a través del feminismo.

Ya organizadas entramos al movimiento que en ese momento era gay-lésbico. Estaban Ilse Fuskova, Alejandra Sarda, ya nos transmitían cosas. Ahí sitúo el travestismo como identidad, a partir de ahí ya no puedo ver el mundo de la misma manera. Se ha convertido en una cuestión básica. Para mí es la posibilidad de pensarme a mí misma y entonces poder entender el mundo.

Ahí sitúo el travestismo como identidad, a partir de ahí ya no puedo ver el mundo de la misma manera. Se ha convertido en una cuestión básica. Para mí es la posibilidad de pensarme a mí misma y entonces poder entender el mundo.”

Lohana Berkins, activista travesti

.– ¿Seguís estudiando?

.– Sí, adoro estudiar, estoy ahora terminando Quién le canta al Estado Nación, de Judith Buttler.

.– Hablame de vos como escritora.

.– Eso tiene que ver con el activismo. La cuestión no es unitaria, muchas cosas de las que digo y encarno son la realidad de las compañeras. Debo reconocer que yo tengo muchos privilegios que ellas, todavía no. Sobre todo, me empezó a preocupar que las travestis teníamos una gran facilidad de relatos orales pero no escritos, no teníamos relatos colectivos. Hay que construir la historia colectiva y el relato escrito. Me parecía terrible que muchas compañeras que no están, Nadia, La Pocha, que está en la tapa del libro y nos albergaba a 30 travestis, y tantas otras, desaparezcan.

.– El legislador Patricio Etchegaray te da la posibilidad de un trabajo “formal” y te convertís en la primera travesti con un trabajo en el Estado.

.– Mirá vos que fuerte que fue todo. Yo ya había dejado la calle y entonces me empecé a desprender de todo lo que había conseguido en la calle. Se hacían las elecciones de la Ciudad, se había formado la Izquierda Unida, veíamos que el cambio tenía que ser más estructural, participamos en la campaña. Fiscalizamos mesas. Después de las elecciones dijimos “a ver… basta de discursitos y articulemos”. Fue muy interesante porque yo venía de hacer otros trabajos. Ya había estado con Diana y me daba cuenta que era un adorno, una cuestión decorativa… Yo me planté y les dije que yo no había tenido trabajo formal, venía de la prostitución pero si de algo me jacto es de tener muchísima voluntad. Así que enseñame, yo reconozco que no sé nada de esto, pero si tengo que usar el grabador enseñame, tengo que hacer algo enseñame… pero de florero, no. Voy a poner todo mi empeño aunque me quede toda la noche…

Lohana Berkins
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.– ¿Diana Maffia?

.– Diana es mi amiga, mi maestra, la paciencia, la generosidad, su lucidez. Cuando yo la conocí daba clases en la Facultad y yo me paro y le pregunto si ella en su aula tenía una alumna travesti… Cuando tiempo después asumió como Defensora me llamó y dijo “no solo quiero una alumna travesti, quiero una asesora travesti”.

.– ¿Vivís en pareja?

.– Tuve muchos años. Ahora ya no. Sí tuve una pareja muy larga. Soy una señora muy conservadora (se ríe de lo que dice). Me levanto muy temprano, almuerzo a las 14…

.– ¿Tenés esa cosa de las mujeres solas que sueñan estar en pareja?

.– No, no, para nada y no estoy sublimando nada, mi vida es tan intensa que disfruto llegar a casa, ponerme pantuflas, el pijamita y quedarme.

.– No puedo irme sin preguntarte ¿cómo ha sido y cómo es el vínculo con el Movimiento de Mujeres?

.– Una batalla, ¡qué batalla! Que no ganamos todavía, quedan resabios. Pero de aquella primera vez que fui a un Encuentro Nacional de Mujeres y me gritaron de todo y se armó un revoltijo, a hoy que las travas van y participan en los talleres, cambió mucho, antes andaba como el correcaminos apagando incendios.

La lucha más fuerte fue con el feminismo: teoría y praxis, lo que era la opresión a las mujeres, aborto y violencia, más las cosas que me pasaban a mí… asumo esa postura y un grupo me explica: “Vos no podés ser feminista porque tu genitalidad pertenece a los varones”. Imaginate, yo me quería desmayar. Algo leí mal, volví a los libros, repasé todo, ¿qué pasó?

Desde la premisa de Simone de Beauvoir, “mujer se hace, no se nace”, agarré a mis amigas, porque ya hasta grupo de estudio teníamos, y les dije… (a los gritos): “A ver… qué es lo que no me explicaron”.

Fundamentalismo feminista y el más duro, ligado al biologicismo… Otra vez fojas cero… eso fue muy fuerte.

Entendí que no era personal sino político. Claro, decía, si voy a la Acción Católica me van a sacar con el escapulario, pero en ciertos ámbitos no lo esperás. Pero es así. Empezamos a sumar más voces y a construir el transfeminismo, nuevas corporalidades, nuevas representaciones, la misma subversión.

Empezamos a debatir, a debatir… Y llegamos al sueño máximo, la participación en el XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, en México, ahora en marzo de este año. Allí nos presentamos nosotras (y se golpea el pecho). Y leímos nuestra proclama. En el anterior yo me había presentado y me rechazaron, ya teníamos pasaje, todo y me rechazan…

Valió la pena luchar y poner el cuerpo. Vale la pena.

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Liliana Hendel y Lohana Berkins – Foto Facebook

Diseño de Portada: SMPDGYD de La Matanza

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