“La historia que nos confronta: Beatriz y Jorge, mamá y papá de Wanda Taddei” es uno de los capítulos del libro Violencias de Género: las Mentiras del Patriarcado de Liliana Hendel, publicado por la Editorial Paidós en 2016, seis años después del femicidio de la joven a manos de su pareja, el músico Eduardo Vázquez.
En recuerdo de Wanda, publicamos la entrevista a sus padres, que siempre eligieron hablar de lo que aprendieron con tanto dolor. Para que sirva, para que no sea en vano.
La entrevista completa
Pensar los destinos trágicos del amor romántico es pensar en Romeo y Julieta. Pensar en las violencias machistas asociadas al amor romántico es recordar a Wanda Taddei.
Jorge y Beatriz, padres de Wanda, aceptaron rápidamente mi propuesta de entrevista, me sorprendió que no hicieran demasiadas preguntas, ¿qué quiero?, ¿para qué medio?, ¿dónde voy a publicar? Llegué a la casa en Mataderos, amplia, luminosa, con muchos pequeños detalles y ellos esperándome. Charlamos como viejos conocidos en las banquetas de una cocina cálida y luminosa como ellos, ambos fueron generosos con su tiempo y sus recuerdos.
Les pido perdón por volver a llevarlos de la mano a momentos tan dolorosos y me contestan con un “¡Nooo!” largo, “es que nunca salimos de ese lugar”, dicen. Dan charlas en las escuelas, hacen talleres -reciben a la gente que los busca-, van donde los convocan para hablar de lo que aprendieron con tanto dolor. Para que sirva, para que no sea en vano.
Hablan a dúo, van completando las frases del otro, se corrigen las fechas, los datos. Son un bloque homogéneo, cicatrizando la herida y exigiendo justicia. “Nunca salimos de los escenarios de la violencia -dicen-. Wanda es un presente continuo.”

.- Beatriz: El lunes hice la escuela, el martes Berisso, me escuchan con atención, hablo de noviazgos para poder hablar de violencia para poder hablar de noviazgos violentos y les dejo trabajos para que después hagan con los equipos docentes… Las mejores experiencias de vida las tenemos en la escuela.
.- Jorge: Yo digo siempre, tenemos la 26.485, que es una ley de avanzada, espectacular, una de las mejores del mundo… La gente piensa que la ley es solo punitoria y es parte de la verdad, es cierto, es punitoria, habla de perpetua, pero también, al hablar de femicidio, agranda el círculo y ya no es solo el marido, es cualquiera que haya tenido o tenga vínculo, que son la mayoría de los casos, cualquier asesinato por la condición de mujer de la víctima.
Pero tiene y, para mí es muy importante, el tema de la educación, y lo digo en todos lados, la clave es la educación, jardín, primaria, secundaria y universitaria. Todas las etapas.
A mí un periodista me dijo un día: “Sí, pero no avanzamos nada”, y yo digo: “Sí avanzamos, claro que sí; ahora, si pensás que con una ley en diez años o quince cambiamos todo, estás equivocado”.
A mí un periodista me dijo un día: “Sí, pero no avanzamos nada”, y yo digo: “Sí avanzamos, claro que sí; ahora, si pensás que con una ley en diez años o quince cambiamos todo, estás equivocado”.”
Jorge, papá de Wanda Taddei
Toda la sociedad occidental está basada en ese patriarcado. El hombre es el capo y el que da las órdenes desde hace miles de años.
Beatriz: Igual que las sociedades orientales, acaban de matar a una jovencita en su noche de bodas. Son todas las sociedades. Todas.
Jorge: Claro, las lapidan si son infieles.
Beatriz: Ni hace falta, con que un tipo diga algo y las convierta en sospechosas ya está, no tienen ni derecho a defenderse.
Beatriz y Jorge militan la causa de los derechos de las mujeres desde que Vázquez asesinó a Wanda. Juntos aprendieron de leyes, de procedimientos, de búsquedas en los laberintos de los pasillos de la justicia.

La vida y la infancia de Wanda
Liliana: ¿Cómo fue la infancia de Wanda? ¿Cómo era entonces la familia?
Se miran… “¿Contás vos o cuento yo?… Dale, dale”, le dice Jorge.
Beatriz: Wanda nace después de trece años de casados, ya teníamos un hijo grande de 12. Yo tenía 34 años, tuve un problema ginecológico serio a los 29 y pensé que era estéril. Trabajaba en una cooperativa de crédito, primero como administrativa, después fui jefa de crédito.
A los 34 años me consideraba una vieja y pensaba… “¿Qué voy a hacer?, ¿un tratamiento ahora?”. Me parecía que iba a ser como la abuela. No es como ahora que a esa edad recién empiezan, igual parecía mucho más joven. Mi hijo ya era grande, era muy autónomo, tenía su primera noviecita.
Y con el embarazo me puse muy linda. Wanda fue muy deseada por todos en el barrio, compañeros de trabajo, la familia… era una revolución que haya quedado embarazada.
“Wanda” habíamos decidido y “Verónica”, porque así se llamaba la novia de primaria de mi hijo… con la que se casó, tenemos una bisnieta de 2 años, hija de mi nieto mayor.
Jorge: No sabés lo que es… me vuelve loco, es un sol.
Beatriz: Nace Wanda, yo pensé que ya no iba a ser madre así que me acuerdo que le daba de mamar y la miraba y me quedaba al lado de ella esperando que se despertara, ella se quedaba tan quietita y yo la tocaba. Cuando llegaban las tres horas, la despertaba.
Jorge: Y cuando lloraba de noche la ponía sobre mi panza y se calmaba.
El relato se va espesando a dos voces, se miran, se ríen, recuerdan.

Liliana: ¿Vos, Jorge, qué hacías en esa época?
Jorge: Yo era carpintero, hacía con mis propias manos los muebles, soy ebanista. Empecé de abajo, yo soy de Salaberry, ella de Paternal. Alquilé un pequeño lugar, fui creciendo…
Beatriz: Empezó siendo un obrero, mi mamá decía: “Yo quería para mi hija algo mejor, un doctor, un abogado…”.
Jorge: Nos presentó un amigo, Parisi; ella tenía 14, yo tenía 18 años.
Beatriz: Yo era una nena, en mi casa no sabían nada. Él, imaginate, ya era un muchacho. Cuando falleció mi papá yo tenía 15 años, y un día apareció con un taxi que tenía… ahí empezamos a salir.
Jorge: Cuando decidimos casarnos ella tenía 20 años, su mamá nos dio una habitación, compramos unos muebles. Vivimos con la mamá doce años, no, catorce… me llevaba muy bien, ella jamás se metió en nada. En catorce años jamás se metió en una pizca de nuestra intimidad.
Beatriz: No nos peleábamos delante de ella, jamás, incluso nos separamos un tiempo pero jamás hubo violencia, nunca gritos.
Jorge: Es que nos separamos poco tiempo, unos meses.
Tengo que resistir la tentación de preguntar qué pasó y volver a Wanda, a tratar de entender por qué una chica como ella se enamora y se queda con un hombre como Vázquez. Sé que ellos intentan decirme que de ellos no aprendió violencias.
Beatriz: Después de Wanda, imaginate, no me cuidé porque pensaba que ya… pero llegó Nadia. Con ella tuve parto natural, luz baja, participé yo también, a oscuras, sentada. Salí caminando de la sala de partos. Nadia, mi marido y mi hijo, que había pedido presenciar el parto. Yo pensé en ese momento: “Cuando sea mayor me voy a dedicar a parto natural”, y mirá lo que son las cosas, mi hija Nadia tuvo los dos partos en su casa.
Wanda era muy atenta, se quedaba y escuchaba, los dos participábamos en política, así que siempre en casa se hablaba mucho, se hablaba mucho de todo, los dos militábamos, éramos muy activos y ella siempre prestaba mucha atención a todo. Al año, tenía lenguaje completo, entre mi hijo y yo la estimulábamos todo el tiempo. Yo seguí trabajando en la empresa, dejé de trabajar cuando tuve a Nadia.
Jorge: Wanda tenía muy desarrollado su sentido social, era muy solidaria, siempre estaba preocupándose por otros.

Beatriz: La adolescencia fue muy tranquila hasta que lo conoció a él. Empezó el secundario, todo bien, las chicas venían a casa, a veces me escriben, se acuerdan de los sándwiches de pollo que yo hacía… [Se ríe divertida] Yo ni me acuerdo.
No sé, no me preguntes, empecé a verla rara, un día tardaba, apareció al rato… no dijo nada, así que empecé a averiguar en el barrio hasta que una vecina me dijo: “Señora, está con lo peor de lo peor. Ese chico se droga desde los 9 años, ya le arruinó la vida a varias pibas”. Así que volví a casa y le dije: “Mirá, Jorge, está pasando esto, está saliendo con un pibe así…”.
Empecé a verla rara, un día tardaba, apareció al rato… no dijo nada, así que empecé a averiguar en el barrio hasta que una vecina me dijo: “Señora, está con lo peor de lo peor. Ese chico se droga desde los 9 años, ya le arruinó la vida a varias pibas”.
Beatriz, mamá de Wanda Taddei
Jorge: Este era Eduardo Arturo Vázquez.
Jorge respira profundo, como puede, fuma mucho (antes eran tres atados, ahora parece que se mantiene en uno), tiene una panza importante, seguramente más voluminosa que en los tiempos en los que allí apoyaba a su hija para que se quede dormida.
Beatriz: Parece que le dieron a probar droga y le hizo mal. Ella igual ya decía que los iba a rescatar, Jorge le dijo: “Mirá, vos elegís. Vos tenés la opción de irte al barro con él o quedarte con tu familia y hacer de tu vida lo que quieras, lo que elijas hacer”.
Ella decidió separarse de Vázquez, así que le dije: “Yo voy a ir a la escuela con vos y te espero porque él te va a ir a buscar”. Ella no quiso, me dijo que no, que prefería dar libre las materias.
A Nadia la habían amenazado. Un día nos dejó una notita que decía: “Si yo no uso droga me dicen que voy a aparecer enterrada en la plaza”.
Yo misma fui amenazada por teléfono, había dentro de la escuela una mafia de droga y las autoridades están sospechadas de haber estado metidas.
Jorge: ¡Obvio! Si no, era imposible, era el Mariano Moreno.
Beatriz: Las dos dieron libre, no volvieron a la escuela. Fue difícil. Nadia terminó y Wanda terminó tiempo después, dio las materias en otra escuela. La obligamos a separarse de Vázquez, ella lo aceptó pero adentro siempre le quedó esa cosa.
Mirá… No hay peor cosa que cortar el primer amor de una persona, ella era jovencita, quería salvarlo, tenía una mezcla de ilusión y pena. Ya había pasado lo de Cromañón.
Cuando se casa con Vázquez en noviembre de 2009 (él la mata en febrero de 2010) hace un discurso donde dice “Esta vez nadie va a poder separarnos”. Era un mensaje para nosotros.
Ella decía “Gracias a mi hermana, gracias”… Y seguía y a nosotros no nos nombraba, hasta que dice “Gracias a mi familia…”.
Le habíamos comprado todo, el vestido de novia, todo… a los dos meses y catorce días la mata. Yo ya hacía ocho meses había hecho una denuncia.

Liliana: ¿Antes de todo eso ella se casa con otro hombre y tiene dos hijos?
Beatriz: Sí, se encuentra con el padre de sus hijos, Jorgito, y embarazada termina de estudiar, vive un noviazgo normal, tranquilo.
Jorge: El pibe era consumidor social, fumaba marihuana, ella decía: “Lo voy a curar”, y entonces va con él y los chicos a Al-Anon. Él trabajaba en mi fábrica, buen pibe, siempre fue buen pibe…
Un día ella me dice: “Papi, Jorgito viene bien -porque él estaba bien-. Nos queremos poner un lavadero”. “Ok -le digo-. Busquen el lugar y averigüen cómo es.”
Al tiempo cambian de idea y deciden que mejor un salón de fiestas. Ok, se busca un salón. Ella siempre me decía: “Cuando seas viejo, la que te va a cuidar voy a ser yo”.
Por mi trabajo estoy muy en contacto con profesionales y el tema de la decoración, así que llamé a un arquitecto, pusimos mesas, manteles, pelo tero, cancha de fútbol para los chicos… Quedó divino, la verdad. Cuando se termina el local, me llama Jorgito y me dice: “Wanda se quiere separar”.
Él era el responsable de todo lo referido al negocio, estaba contento porque se daba cuenta de que ese proyecto era bueno para ellos, así que me dice “No sé qué voy a hacer”. Él estaba sorprendido y nosotros también. Yo no entendía nada, pero bueno, “¿qué vamos a hacer? -le dijimos-. Te pongo un kiosco, te regalo la camioneta y te salgo de garante para alquilar el departamento”.
Liliana: ¿Pero qué paso? ¿Por qué se quiso separar ella?
Beatriz: Ella no era feliz con él, me decía que necesitaba otro tipo de compañero. Todo estaba muy tranquilo, andá a saber… ella creía que la pasión y la locura eran más excitantes, necesitaba más adrenalina.
Ella no era feliz con él, me decía que necesitaba otro tipo de compañero. Todo estaba muy tranquilo, andá a saber… ella creía que la pasión y la locura eran más excitantes, necesitaba más adrenalina.”
Beatriz, mamá de Wanda Taddei
Cuando él termina su tratamiento en Al-Anon ella lo deja.
Wanda se había separado de Jorgito pero mantiene ese lugar, ese salón, que era espectacular, sigue trabajando, explotando el local. Y con el ex se llevaba perfecto, él tenía el kiosco adelante… “poneme la lamparita, acércame con el taxi”. Lo normal, los chicos estaban bien.
Hasta que lo reencuentra a Vázquez, que estaba en la calle y estaba en la ruina, fue antes del juicio por Cromañón y no podían tocar.
Lo quería salvar, era claro que ella había decidido salvarlo de todo, del dolor de Cromañón, de la droga.
Jorge: Mirá, yo creo que no se trata de algo en particular, ¿sabés? Fui aprendiendo, leyendo y, la verdad, es que mi hija es una más, una de las tantas entrampadas en un vínculo con un violento, es de libro.
El tipo sabe que le va a pegar, lo primero es sacarle el laburo, la aleja de los amigos y la familia, prepara el terreno.
Nosotros estábamos en Estados Unidos cuando nos llamó para decirnos que iba a vender todo porque este hdp le dijo: “Basta de laburar”, y ella seguro que pensó que haciéndole caso iban a estar mejor. Malvendió todo, apurada, qué se yo, podría haber consultado, a lo mejor se lo recompraba yo mismo, aunque la verdad es que era nuestro, pero no esperó.
Liliana: ¿De qué vivían? Si ella vende y él no trabaja.
Jorge: Nosotros le dábamos guita a ella, empiezan los problemas con Jorgito, hasta ahí estaban separados pero bien, aparece Vázquez y chau.
Nosotros le dábamos guita a ella, empiezan los problemas con Jorgito, hasta ahí estaban separados pero bien, aparece Vázquez y chau.”
Jorge, papá de Wanda Taddei
¿Ves ese cuadro sepia, sentada con los dos chicos? Esa es Wanda [es una foto trucada donde está toda la familia vestida con ropa antigua, una de esas que se sacan en los lugares de veraneo].
Tuve que sacar la foto porque, si no, ella no entraba a casa porque él le dijo que no iba a volver a casa mientras esa foto estuviera visible en un mueble, con ella, su ex y los hijos… y todos nosotros.
Liliana: ¿Él siguió teniendo problemas de adicciones?
Jorge: Él se siguió drogando, siete plantas de marihuana tenía en la casa, quedó una sola plantada.
Beatriz: En Cromañón murió la mamá, cuando empezó el fuego él tiró los palitos y se fue corriendo a jugar con la Play Station, sabiendo que la madre estaba adentro. Un amigo de mi hijo rescató a diecisiete, él no fue capaz de nada, no volvió a entrar. Dos días antes de matar a Wanda una prima lo escuchó reírse de los muertos de Cromañón y le dijo a ella: “Yo no entro más a tu casa”.
Liliana: ¿Y Wanda qué decía?
Beatriz: “No, pobrecito, va a cambiar, está mal, murió la mamá.” Lo quería rescatar.
Soñaba con el amor, era una romántica. Su pieza la hizo toda rococó, pero se hacía la proletaria hippie. Ella decía que le iba a ir muy bien al grupo, le tenía fe, tenía la ilusión de viajar con él, tomar cafecito en París, que él sea famoso y ella estar con él.

Jorge: Beatriz olfateaba, le tenía desconfianza, yo me imaginaba que el tipo iba a presionarla para que rife… malvenda todo lo que pudiera. Total, para él era guita de arriba.
Beatriz: Quería vender una casa que estaba a nombre nuestro, yo le dije: “La podés vender pero mi parte siempre va a estar a nombre mío”.
Liliana: ¿Hablaban de lo que pasaba?
Beatriz: ¡No! Ella nunca aceptó hablar, ni que opinemos. Como esas parejas que se pelean, se matan y se arreglan en la cama; que los llaman “amores tóxicos”, pero no son tóxicos, son violentos. Los albañiles que estaban trabajando allí contaron que las peleas eran terribles, muy groseras, y después se encerraban en la habitación y todo parecía volver a la calma.
Pero sabía perfectamente de qué se trataba, a Nadia la salvó ella. La pareja de la hermana empezaba por el primer caminito de la violencia, esa que empieza con palabras -que todo lo que hacés lo hacés mal-.
Wanda le dijo a la hermana bien clarito que no tenía por qué bancar eso, que ella podía ser feliz, estar bien, la mandó a Lavalle 1250, o sea que sabía bien, andaba con el maletín de violencia, salvaba a las chicas de la villa. Y Nadia se pudo separar gracias a Wanda.
La noche trágica
Liliana: ¿Qué pasó esa noche?
Jorge: Vázquez los llevó a lo de Nadia, los chiquitos estaban en calzoncillos en la mitad de la noche y le dijo que él se había quemado los brazos. Mi hija estaba con los cuatro chicos, los dos de ella y Facundo y Juan Manuel.
Ella vive en un dúplex. Beatriz había ido a sacar su registro, ya me iba a ir cuando Nadia me dice: “Papi, papi, parece que hubo un accidente, que se quemó los brazos Eduardo, pero Juan Manuel escuchó gritos y un chancletazo y estoy preocupada porque estoy llamando a lo de Wanda pero no me contestan el teléfono de línea ni el celular”.
Yo me fui tranquilo. La verdad es que ni pensé en ella, pensaba en él; entro a la casa, la puerta de reja, luego la cancel abierta, la luz estaba prendida adentro.

Me voy al Santojanni, él está con los brazos vendados y le digo: “Qué macana, Eduardo, justo que el sábado tocaban en Cosquín”.
“Andá a ver a Wanda, andá a ver a Wanda”, me contesta él.
La verdad es que yo no entendía muy bien qué pasaba. Un médico me pregunta quién soy y me dice: “Está en el shock room, tiene el 60% de su cuerpo quemado”.
Llamé a todo el mundo. Wanda se iba a morir, la llamé a mi hermana, a Nadia, a mi hijo… a Beatriz. Habían pasado siete horas desde que pasó. Él no nos avisó.
Llamé a todo el mundo. Wanda se iba a morir, la llamé a mi hermana, a Nadia, a mi hijo… a Beatriz. Habían pasado siete horas desde que pasó. Él no nos avisó.”
Jorge, papá de Wanda Taddei
Otro tema es lo institucional. Toda una pelea para que la llevaran al Instituto del Quemado, no había camas.
Ella ya estaba en todos los medios, estaban las cámaras desde la mañana por el hecho de que él era Callejero = Cromañón. En el Alemán había cama pero me decían que tenía que hacer un depósito antes, no me aceptaron un cheque, un pagaré, era viernes… no la quisieron internar en el Alemán si no pagábamos antes. En medio del caos, la confusión, el dolor… esa violencia institucional, y nosotros podíamos hacer frente, teníamos el dinero, me encuentro todo el tiempo con gente que no puede, que no pudo.
Estaba discutiendo en el Hospital Alemán cuando me suena el celular y me dicen que hay una posibilidad en el Instituto del Quemado. También ahí las cámaras ejercieron presión, pero bue… la atendieron muy bien… la verdad, hicieron todo lo que pudieron.
Liliana: ¿Y Vázquez?
Jorge: Vázquez estaba detenido, estuvo preso diez días, le dan una preventiva, el juez tiene diez días para confirmar. Después dictaron falta de mérito y lo sueltan.
Liliana: ¿En algún momento ella recuperó la conciencia?
Beatriz: No… Wanda no estaba consciente, nunca la pude mirar a los ojos.
Estaba sacando el registro cuando recibí el llamado, me agarró una locura, cuando escuché “está quemada” me caí encima de un alambrado, pensé en un accidente. Me llamó mi nuera para decirme que no maneje, no sé ni cómo llegué, me subí al coche y vine, no me acuerdo, estaba desencajada, llorando, cuando entré una doctora me dijo: “Así no va a entrar nunca”. “¿Qué posibilidades hay?” “Ninguna.”
“Ninguna.”
“Intérneme, sáqueme la piel, póngansela a ella. Hagan un trasplante.”
Intérneme, sáqueme la piel, póngansela a ella. Hagan un trasplante.”
Beatriz, mamá de Wanda Taddei
Le cantaba canciones de cuna, le recitaba todo el tiempo Neruda y Martí, los nueve días así, pensaba “si ella se recupera es como una persona que recién nace”. Los hicimos grabar a los chicos y si yo no me hubiera asustado los hubiera podido escuchar. Cuando le dije: “Vas a escuchar a los chicos” y los aparatos empezaron a sonar pi pipi, me asusté, salí corriendo y la durmieron otra vez. Si no me hubiera asustado… Me llaman un día y me dijeron: “Tiene cuatro horas de vida”.
Jorge: Ilusiones siempre tenés, pero los médicos nunca alentaron la ilusión.
Beatriz: Un día, no sé, habían pasado cuarenta y ocho horas, encuentro a uno de los médicos que le gritaba: “Despertate, vamos, despertate”.
Imaginate… Yo le dije que no le grite así, y él me mostró algo en el aparato, algo que se movía y me dijo: “Eso que se mueve quiere decir que está respirando un poquito, ella sola”. Se abrían unas cositas, se abre la mariposa… por eso la cuestión de la mariposa. [Se toca el cuello, donde varias mariposas están cerca de su corazón pendiendo de una cadenita.]
Dos pulmoncitos en los aparatos, decían que un poquito podía respirar por su cuenta. Pero no… Salí corriendo, lo abracé a mi hijo, le decía: “Wanda está respirando, Wanda está respirando”.
Liliana: ¿Ustedes creen que ella sabía que estaba en una situación de riesgo?
Beatriz: Ahora, juntando pedacitos, pensando tantas veces en todo lo que pasó, pienso que sí. Ella decía que se iba a morir joven y hasta había resuelto a quién darle la ropa, decía… “el pantalón marrón a Antonella”, su sobrina, y cosas que decía, por ejemplo, en la peluquería.
Siempre tenía que tener a quién salvar y siempre andaba al borde de la cornisa.
Jorge: El 7 de febrero comimos acá todos, el 6 cumple Beatriz, Wanda de a poco había empezado a vestirse de nuevo, a cuidarse, estaba recuperando su look, su pelo. Él no la dejaba, el último tiempo estaba zaparrastrosa. Con un pañuelo en la cabeza. Él no la dejaba nada. Era, lo aprendí cuando empecé a militar este tema, una mujer en situación de violencia.
Él no la dejaba, el último tiempo estaba zaparrastrosa. Con un pañuelo en la cabeza. Él no la dejaba nada. Era, lo aprendí cuando empecé a militar este tema, una mujer en situación de violencia.”
Jorge, papá de Wanda Taddei
La violencia judicial
Jorge: Nos presentamos como querellantes. El fiscal nos dice: “Tráiganme pruebas porque con lo que tengo es falta de mérito”.
Niklison era fiscal calienta sillas, en un momento dado hubo hasta un perito que había dicho que se podía prender fuego sola.
Después, nosotros pedimos nuevos peritajes, viene el perito forense de la Suprema Corte, entonces este tiraba la pelota afuera.
Le dije: “Fiscal, le voy a romper el culo”. “Usted me está amenazando”, me dice él, levantándose del sillón. “No –le contesto–, le estoy diciendo que le voy a romper el culo con la ley porque tienen obligación de reunir a todos los peritos y dar un veredicto.”
El tipo indica una reconstrucción un domingo a las 4 de la mañana, pedimos que la frenara y que diera lugar a presentación de prueba. Cámara Gesell para que declaren los chicos.
La Dra. Inés Cantisani hace lugar a nuestros pedidos.

Liliana: ¿Cómo se llevaban los chicos con él?
Jorge: El más chiquito bien, el otro no. Es más, esa noche Facundo le dijo a la madre: “Dejá de mandarle mensajes porque se va a poner mal”. Él sabía que se armaba, tenía 7 años. El chiquito declara en Cámara Gesell que la escuchó a ella decirle dos veces: “Me vas a matar”.
Facundo veía lo que pasaba y lo demostró en el colegio con conductas violentas, la maestra lo detecta. La llamaron a Wanda, que no fue, lo llaman al padre, que fue y, además, nos avisó y le pusieron una psicóloga a los chicos. Cuando Vázquez ve que yo acompañé al papá de los chicos le dijo a Wanda: “Decile a tu vieja que la voy a prender fuego”. Así que ella me dijo: “Mamá, andate porque voy a llamar al 911, estás molestando”. Wanda estaba muy enojada con nosotros, para descalificarnos dijo que ella era hija de madre golpeadora.
Al otro día, se presenta en la Defensoría del Menor y dice que es hija de un matrimonio golpeador para desestimar mi declaración, como ella hablaba muy bien, los convenció tanto que el de la Defensoría le aconsejó a Jorgito, el papá de los chicos, que no tenga relación con nosotros, que es lo único que ella estaba pidiendo, porque los peligrosos, en realidad, éramos nosotros.
Los chicos andaban de un lado a otro, una noche allá, una noche acá, con la mochilita.
Cuando la mata, la defensa pide la historia porque Vázquez decía que los chicos lo querían más a él que al padre, cuando leen, ven que el nene contaba que Eduardo le pegaba a su mamá… La historia clínica psicológica de Facundo tenía unos meses.
Liliana: ¿Por qué creen ustedes que sostenía esta relación? Ayudó a mucha gente, empezando por su propia hermana, salvaba gente. Ella no llega engañada al vínculo, está claro que él no disimula públicamente, como en otros casos.
Beatriz: Yo creo que ella empezó a darse cuenta de que no iba a poder, lo echó dos veces, se había dejado estar, parecía una zaparrastrosa, pero, últimamente, estaba mejor, estaba recuperando su look.
Ella pensaba que él iba a ser una estrella, que en el ambiente en el que se movían ella sobresalía, organizaba las presentaciones. Ella quería ser protagonista y en ese ambiente lo lograba y creía que siempre iba a hacer lo que quería. Ella decía que trabajaba de cuidar a Eduardo.
Jorge: Yo creo que, aparte de la personalidad, la inseguridad personal o los caprichos de Wanda, hay una constante, es lo que les pasa a las mujeres con estos tipos.
Llego a la conclusión de que no es ni más ni menos que lo que le pasa a cualquier mujer que vive una situación de violencia. Tenemos que cambiar el paradigma.
Llego a la conclusión de que no es ni más ni menos que lo que le pasa a cualquier mujer que vive una situación de violencia. Tenemos que cambiar el paradigma.”
Jorge, papá de Wanda Taddei
Hasta fue capaz de inventar lo de la familia golpeadora para disimular lo que estaba pasando en su propia casa.
Liliana: ¿En algún momento Eduardo trató de hablar con vos?
Jorge: No, nunca. Había armado una estrategia con el abogado cuando se hizo la reconstrucción, un show esperando que lo maltratemos en público para victimizarse. Vino a darme un beso y yo lo saludé. Le desbaraté la estrategia. Yo siempre me cuidé, hasta en el lenguaje, cuando le dieron dieciocho años* dije que me parece que es una pena dura, pero es importante que un tribunal lo encontró culpable y vamos a recurrir al superior para que den perpetua, que es lo que corresponde por femicidio. La hermana de él llego a preguntarme por qué lo perseguía si todo había sido un accidente.
Soy una persona garantista, la constitución dice que una persona merece un juicio justo.
Beatriz: Entregamos la casa donde vivían, tiré todo sin revisar, papeles, la ropa de él estaba comida por las ratas, la de mi hija, no. La batería, todo, embalamos y entregamos. Había plata que después del allanamiento nunca apareció, computadoras que no aparecieron, increíble, un allanamiento. Y le mandé el vestido de novia.
Había periodistas que buscaban papeles en la basura que nosotros sacábamos.
Liliana: ¿Qué papel juegan los medios? Wanda se convirtió en el símbolo de una amenaza.
Beatriz: Sí, a las mujeres les dicen: “Te va a pasar como a Wanda”. Los medios fueron muy importantes. En el caso nuestro, además, fueron cuidadosos, pero en otros, no. No puede ser que hablen de la pollerita, del shorcito, de la provocación de la víctima. Eso es una barbaridad.
Los medios fueron muy importantes. En el caso nuestro, además, fueron cuidadosos, pero en otros, no. No puede ser que hablen de la pollerita, del shorcito, de la provocación de la víctima. Eso es una barbaridad.”
Beatriz, mamá de Wanda Taddei
Y hay algo más que es muy importante y nadie lo dice; la violencia para los que quedan sigue en el tiempo. Se calcula hasta cuarenta y seis personas por violencia colateral si son jóvenes, más la familia, los allegados, las compañeras. No se toma en consideración que haya efectos, además del drama principal, que es la muerte por asesinato, la persona que queda sigue sufriendo violencias de todo tipo.
Nosotros fuimos allanados, en el juicio él se puso a llorar y decir que la amaba, que jamás hubiera hecho eso… y el juez vino a abrazarlo delante de nosotros.
Jorge: Sí, el juez Niño, que hoy está en casación, bajó y lo fue a consolar. Ese fue el autor de la emoción violenta, escribió doscientas fojas hablando de la emoción violenta aunque la defensa nunca lo planteó. O sea, hizo por Vázquez más que la propia defensa.
¿Sabés qué pasa? Él no cree en la pena perpetua, Ok, podemos discutir en un panel pero acá hay un código que tenés que cumplir porque está vigente y, si no estás de acuerdo, tratá de cambiarlo con los mecanismos legales o cambiás el código o dejás de ser juez. Como juez tu pecado es no cumplir la ley.
Beatriz: Jorge, dejame que siga. Silencio hospitalario, yo supe inmediatamente lo que había dicho Wanda… pero había silencio.
Ella llegó corriendo al shock room y dijo: “No me puedo sentar por que me duele, tengo mucho frío”, empezaba a no poner hablar pero alcanzó a decir: “Pucho, encendedor, cigarrillo”.
Ella llegó corriendo al shock roomy dijo: “No me puedo sentar por que me duele, tengo mucho frío”, empezaba a no poner hablar pero alcanzó a decir: “Pucho, encendedor, cigarrillo”.
Beatriz, mamá de Wanda Taddei
Nosotros seguimos como familia padeciendo, mientras él estaba libre, mis nietos con tratamiento, mi hija con ataques de pánico, y después de todo te dan dieciocho años, que no sé si es poco o es mucho, no es lo que corresponde.
Este tribunal saca el tercer premio, el premio garrote al peor juicio de género, compitiendo con los peores del mundo.

Liliana: ¿Por qué?
Jorge: Porque no lo consideraron femicidio, porque al albañil le preguntan si trabajó en la casa de la señora Taddei y él contesta que no porque la señora Taddei es Beatriz. Es un hombre muy sencillo, cuando dice “no” el fiscal le dice: “Le voy a leer lo que usted declaró”. Ahí se da cuenta del error y dice: “Sí, yo trabajé en la casa de Wanda, no en la casa de la señora Taddei”.
Desestiman su declaración diciendo que su capacidad intelectual no da para declarar. Hubo hasta una prueba de que el frasco de alcohol no lo podía abrir una mujer con la contextura de mi hija.
Los testimonios nuestros fueron desestimados por estar sobrepasados por el dolor, es ridículo, si tenés dolor no podés pensar, recordar, denunciar.
Vázquez no va el día que leen la sentencia, pero ese día hicieron una fiesta en el penal de Ezeiza cuando se confirma que en vez de perpetua le dan dieciocho años.
Los abogados defensores dicen cosas terribles, te ensucian, te inventan cosas, el defensor de Mangeri dijo que Ángeles era una prostituta. El de Vázquez dijo que mi nieto era un dealer, que Jorge era el capo de una mafia, que mi hijo le pega a mi nuera y que Vázquez la rescataba… no debería permitirse eso.
[Silencio.]
Jorge: Además, aunque yo sea como me dicen, capo mafia; ahora estamos juzgando a Vázquez. Si querés acusarme háganme otro juicio, no se puede ensuciar así a quien denuncia para defender al acusado.

Liliana: ¿Aprendieron de leyes después del asesinato de Wanda?
Jorge: Hice un curso acelerado de derecho penal, leo todo, si no, te come el sistema, no te podés defender.
Beatriz: Cuando fue lo del Vatayón Militante no sabés lo que fue para mí, yo apoyaba al gobierno, yo soy peronista, vivo en Mataderos, vi que la gente está mejor… pero, claro, los medios le dieron manija, imaginate.
Hoy tenemos democracia esté quien esté, yo viví la dictadura, esto que hacemos en pequeño es lo que se tiene que hacer, lo que no se hace desde abajo no sirve. Torrada dice: “Lo único que se hace de arriba abajo es un pozo”.
Si no vas al barro no vas a cambiar en la sociedad el paradigma machista.
“Nadie pelea por los derechos que desconoce que tiene”, dice el cartel más grande del Instituto Wanda Taddei. No lo voy a ver, mis nietos tampoco, pero alguna vez sucederá.
Recorremos hospitales, universidades, colegios para hablar de noviazgos violentos, a veces son reuniones con más de seiscientas personas.
Recorremos hospitales, universidades, colegios para hablar de noviazgos violentos, a veces son reuniones con más de seiscientas personas.”
Beatriz, mamá de Wanda Taddei
Después de las charlas les dejamos manitos que dicen: “¡Basta de violencia!”, para que escriban sus frases ahí; te das cuenta enseguida quiénes están pasando por situaciones de violencias.
Jorge: A ella le dieron un reconocimiento en La Plata, en el Teatro Blanca Podestá, como Mujer Destacada; eran un montón, todas con títulos, académicas, con carreras… cuando la nombraron a ella: Beatriz Regal, mamá de Wanda Taddei, se vino abajo el teatro.
La gente nos llenó de amor, todo el mundo, de todos los partidos, de todos los rincones.
Wanda es la historia de una chica que quería emociones fuertes, que creyó en su propia fuerza para enfrentar lo peor, que pensó que, como las heroínas, iba a poder sola. Y que, al final, su príncipe iba a ser azul.

* En una primera condena a Eduardo Vázquez, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 20 lo encontró culpable de “homicidio calificado por el vínculo” pero lo condenó a 18 años de prisión con la atenuante de “emoción violenta”. Luego, la Cámara Federal de Casación Penal lo condenó a la pena de prisión perpetua. A 16 años del femicidio, la familia de Wanda teme que la Justicia le otorgue salidas transitorias.
Diseño de Portada: Sabrina Suárez








