sábado, junio 15, 2024
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Mujeres y tecnología: ocupando espacios

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Forma parte del sentido común patriarcal que supimos construir y que tiene consecuencias sociales muy concretas que todavía sea inconcebible que alguien formado en disciplinas científicas sea una mujer, ni que decir si además no renuncia a maternar.

En Argentina, las mujeres representan solo el 34% del estudiantado de las llamadas “disciplinas STEM” (sigla en inglés para Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y el 17% del estudiantado de programación, según un informe de 2022*.

Si bien la presencia de mujeres en estudios universitarios está en expansión -el número de estudiantes aumentó 20% en 8 años- las carreras STEM con mujeres inscriptas crecen a un ritmo menor.

De acuerdo al mismo estudio, el contexto familiar y de pares, la trayectoria en la escuela así como las normas sociales y culturales, tales como la insólita idea de que hay carreras y labores más masculinas y más femeninas, “influyen negativamente en las trayectorias de las mujeres en las áreas STEM”.

Sobran ejemplos en la historia de la humanidad de mujeres perseguidas por su lucidez, por atreverse a ocupar lugares “que correspondían a hombres”: desde Hipatia de Alejandría -renombrada filósofa y matemática que murió apedreada- hasta mujeres con conocimientos medicinales y astronómicos que ardieron en hogueras por ser consideradas brujas (de esto habla largamente Silvia Federici en su libro Calibán y la Bruja).

Fueron siglos aprendiendo que no nos corresponde estar en aquellos lugares donde se produce el conocimiento.

A pesar de esto, tantas mujeres demostraron lo contrario en los campos de la ciencia y la tecnología.

Andrea Gamarnik, uno de los ejemplos más recientes de nuestro país, es viróloga, directora del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA-Conicet) y fue quien lideró el equipo que desarrolló en un tiempo récord de 45 días el test para detectar pacientes COVID positivos.

Ciencia y tecnología con perspectiva de género en La Matanza

Si miramos hacia el municipio de La Matanza, resalta la gratificante noticia de que hace poco tiempo Karina Pedace -investigadora de la Universidad Nacional de La Matanza– fue reconocida por su trabajo en ética de la Inteligencia Artificial como una de las 100 mujeres más brillantes en Inteligencia Artificial.

Y es que el desarrollo científico y tecnológico va ocupando un lugar cada vez más primordial en el municipio, en el que ya contamos con el Centro Universitario de Innovación (CUDI), ubicado en González Catán y con el Centro Municipal de Innovación Tecnológica de La Matanza (CITLAM), ubicado en Villa Luzuriaga. Además, se prevé la construcción de un Polo Tecnológico de la Innovación en Ciudad Evita.

“Para el Intendente de La Matanza es muy importante trabajar el tema de la brecha de género en el mundo de la tecnología, visibilizar mujeres y feminidades produciendo, creando, no simplemente como consumidoras de tecnología”, explica Catalina Pini, Coordinadora General del CUDI.

Para el Intendente de La Matanza es muy importante trabajar el tema de la brecha de género en el mundo de la Tecnología, visibilizar mujeres y feminidades produciendo, creando, no simplemente como consumidoras de tecnología”.

Catalina Pini, Coordinadora General del CUDI

En el CUDI actualmente se pueden cursar las Diplomaturas en Desarrollo de Software Web, Gestión TIC para Pymes y Elementos de Robótica, con certificación de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que ya cuentan con sus primeras egresadas.

Un dato importante es que la Secretaría de Mujeres, Políticas de Género y Diversidades de La Matanza realiza capacitaciones en el CUDI para trabajar la perspectiva de género  y su impacto en el desarrollo profesional.

La Dra. Noor Jiménez Abraham, Directora de Políticas de Actualización de Conocimientos de la Secretaría, señala que “abarcamos temas variados que van desde las ideas que influyen en el desarrollo de la vida de las mujeres y diversidades sexuales en relación con el ámbito laboral hasta cuestiones como el uso desigual del tiempo en lo referido a las tareas de cuidado, cuestiones de la vida diaria que inciden en el desarrollo humano y que sólo a través de la mirada crítica y de un reposicionamiento individual y grupal pueden modificarse más allá de lo normativo”.

En otras palabras, entender las consecuencias del patriarcado en cuestiones sencillas de la vida cotidiana como, por ejemplo, la organización de la agenda y el cuidado de infancias y personas mayores en una familia.

El testimonio de las primeras egresadas

Decidí hacer ahí la diplomatura porque escuché una promoción por la radio y decidí probar a ver si me gustaba”, cuenta María Magdalena Centurión, diplomada en Desarrollo de Software Web.

Aunque el factor económico la limitaba en el acceso, María cuenta que la tecnología le interesó desde siempre. Tuvo su primer acercamiento a los 15 cuando le regalaron la primera PC y hace un mes empezó a trabajar en una start up de Corrientes como Data Entry. “Cursar en el CUDI fue excelente, ya que nos dieron la posibilidad de cursar virtual y la calidad de los profes y los temas que nos tocaron fue muy buena la verdad”, relata.

“A las mujeres que estén definiendo si seguir o no sus estudios ligados al ámbito tecnológico les digo: que le den siempre para adelante si sienten curiosidad sobre el tema. El ambiente ya no es el mismo de antes, hoy en día se animan mucho más y de hecho muchas mujeres cursaron conmigo la diplomatura. Yo nunca me había animado a anotarme a algo así porque tampoco me había informado sobre el tema del desarrollo web pero una vez que lo conocí me enamoré. Es cuestión de ponerle corazón y ganas a lo que estudias ignorando los prejuicios que pueden llegar a aparecer en el proceso”, reflexiona.

A las mujeres que estén definiendo si seguir o no sus estudios ligados al ámbito tecnológico les digo: que le den siempre para adelante si sienten curiosidad sobre el tema”.

María Magdalena Centurión, diplomada en Desarrollo de Software Web

Estoy haciendo el Profesorado de Química y me interesó la propuesta de la diplomatura más que nada la rama de impresiones 3D”, nos cuenta Angélica Melli, Diplomada en Robótica.

En el profesorado, Angélica había tenido una materia donde le enseñaron a programar y vio la posibilidad de generar recursos para el aula. Empezó la diplomatura en pandemia y la terminó de modo presencial. “Fue más que interesante trabajar con las impresoras 3D. Presenté un proyecto que consistía en hacer átomos y enlaces. Me interesa esta nueva manera de llegar a mis estudiantes, con una herramienta que todavía no se utiliza tanto en las escuelas. Me encantaría emprender este proyecto para que todas las escuelas tengan este recurso didáctico”, destaca Melli, para quien emprender, estudiar y enseñar a valorizar la ciencia va de la mano con contagiar en su actividad diaria la idea de que las mujeres podemos hacer ciencia.

Contar con más mujeres y diversidades sexuales entre las personas que desarrollan su labor profesional en disciplinas de ciencia y tecnología amplía perspectivas y miradas y nos enriquece como sociedad.

Visibilicemos y difundamos nuestros logros en estos campos.

Porque movemos al mundo, también en la ciencia y la tecnología.

Nada sin nosotras.

Matanza avanza sin machismos.


* “Una carrera desigual: la brecha de género en el sistema universitario argentino”, informe de investigación de Chicas en Tecnología.

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