sábado, mayo 18, 2024
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Reflexiones sobre la construcción de masculinidades

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Por Dra. Noor Jiménez Abraham* y Lic. Gustavo Escobar**

El origen de las prácticas violentas de los varones y sus consecuencias ha llevado a la necesidad de un análisis más profundo que desnaturalice comportamientos hasta hace poco tomados como modelo.

La construcción de la masculinidad está enmarcada por ritos y costumbres en donde prima la violencia. Ya desde pequeños se van enseñando los modos “de ser varón”. Preguntas como “¿cuántas novias tenés?” a infancias de 4 o 5 años o la famosa frase “los que se pelean se aman” ya dan un indicio de un ideal de irresponsabilidad.

¿Quién no escuchó en un partido de fútbol infantil a los padres decirles a sus hijos “matalo, pisalo, reventalo” en relación con un compañerito al que había que tratar con violencia por ser del equipo contrario? Derribar al rival, aniquilarlo, esa es la enseñanza.

Ya entrada la adolescencia en el desafío por negar la temeridad y lo peligroso a través del descontrol, se va constituyendo una subjetividad que, en el uso y abuso de la violencia, se legitima socialmente.

Ser varón dentro de este marco es representar a alguien a quien no se le permite tramitar sus miedos y desilusiones sin violencia. Una persona que, en la juntada con pares, donde prime el alcohol y la evasión emocional como antídoto, niegue situaciones que resultan difíciles de resolver como rupturas amorosas, angustias laborales o frustraciones deportivas.

¿Qué pasa con los ritos de iniciación donde hay que probar que se puede aguantar absolutamente todo, especialmente en lo que tiene que ver con la resistencia física, y que no solo se da en el ámbito deportivo sino en situaciones laborales o sociales, como una despedida de solteros?

Los viajes de egresados, reconocidos por valorar el no dormir, tener sexo en forma irresponsable, tomar alcohol hasta perder la conciencia, experimentar con estupefacientes, conduce al no disfrute de lo que se supone debería ser el ideal: reconocer un hermoso paisaje, pasar días en compañía de amistades de las que prontamente quizás se pierda el rastro y realizar juegos y deportes que lleven a instancias de risa o de emoción.

Masculinidad normativa

Existe un ideal que conduce a la necesidad de pertenecer, sin cuestionamientos sobre actitudes. Si el clan así lo dice, se hace, para que el grupo otorgue la credencial de formar parte. En este “miedo” a quedar excluido, se naturaliza el uso de la violencia tanto hacia otras identidades como con otros varones.

No importa el deporte, la clase social, la etnia o la edad. En varias circunstancias y momentos de la vida los hombres son, o deben mostrarse, agresivos. Es la norma para ser varón. Y quien decida desmarcarse de la regla también será violentado.

Esta “masculinización” hace que, para ser y pertenecer, la sociedad haya exigido actitudes que sustentan violencias. Tanto hombres, como mujeres y diversidades sexo genéricas asimilaron durante años la norma de la agresividad masculina.

Así, algunas masculinidades que no son heteronormativas también tienen comportamientos patriarcales. En algunas circunstancias se benefician de características como el aspecto o el nombre, que los pone por encima de mujeres y personas travestis y trans. ¿Hubiera provocado el mismo nivel de cuestionamiento una canción al desamor hecha por Ricky Martin que lo que sucedió con Shakira?

Dónde está la solución

Los conceptos están en constante evolución, los pensamos, los analizamos. Ya no hablamos de una masculinidad hegemónica, porque la clase, la etnia, por ejemplo, representan diferentes formas de ser varón con actitudes patriarcales.

Hay una instancia de estar contando costillas todo el tiempo, según el dicho popular. Si nos corremos de nuestro lugar y nos dedicamos a juzgar no formaremos parte de la solución que nos exigen los tiempos actuales en los que es necesario dar respuestas posibles a una sociedad que debe erradicar sus niveles de violencia. El ensañamiento no es justicia.

¿Qué pasó después de Cromañon? Hubo un momento de conciencia social, de analizar qué prácticas naturalizadas debían cambiarse. A pesar de ello, al tiempo, cuando la mayoría de la sociedad ya no tenía la tragedia en mente, todo volvió a ser casi como antes.

En días en que se analiza el delito cometido hace tres años sobre un joven en un boliche de la costa por una banda de varones que lo violentó, es necesario acudir al pedido de hacernos responsables como sociedad, en un marco de derecho, ahora y hacia adelante.


* Dra. Noor Jiménez Abraham, Directora de Políticas de Actualización de Conocimientos de la Secretaría de Mujeres, Políticas de Género y Diversidades de La Matanza. Es Dra. en Ciencias de la Comunicación Social, Especialista en Políticas Públicas y Justicia de Género, realizadora de trabajos de género en el exterior (Francia, USA, Palestina, Holanda e Irlanda).

** Lic. Gustavo Escobar, integrante del equipo técnico de la Dirección de Políticas de Actualización de Conocimientos. Es Licenciado en Comunicación Social, Diplomado en Género, Comunicación y Derechos Humanos por la Asociación Comunicar Igualdad en co certificación con la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM) de la Organización de Estados Americanos (OEA). Docente secundario y terciario. Co-coordina el dispositivo de Varones que ejercieron violencias por razones de género en la región noroeste. Miembro de Masculinidades Al Sur.

Foto de portada: Gentileza José Scalzo

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